domingo, 28 de octubre de 2007

Frases y fragmentos ... XXVIII

... de lecturas más o menos recientes.

Anais Nin Manguel

"… me retiene un amigo de Truman Capote que está borracho, que se pega a mí, y una mujer enfadada que me ataca:
-¿Así que usted es Anaïs Nin? Odio a las mujeres que lo cuentan todo."
Diario VII (1966-1974). Anaïs Nin

"Sólo cuando el poeta y el científico trabajen conjuntamente se lograrán experiencias vivas y se conocerán las maravillas del universo a medida que se vayan descubriendo"
Diario VII (1966-1974). Anaïs Nin

"Los trabajadores que emigraron a Estados Unidos llevaron consigo, entre otras cosas, la institución del lector: una ilustración del American Practical Magazine de 1873 muestra a uno de esos lectores, con gafas y sombrero de ala ancha, sentado con las piernas cruzadas y un libro en las manos mientras una hilera de cigarreros (todos varones) en chaleco y mangas de camisa se dedican a enrollar puros, totalmente absortos, al parecer, en lo que están haciendo. (…)
Tenían sus libros preferidos: El conde de Montecristo, por ejemplo, llegó a ser tan popular que un grupo de obreros escribió a Dumas, poco antes de su muerte en 1870, pidiéndole que les permitiera dar el nombre de su personaje a uno de los tipos de cigarro. El novelista francés accedió
."
Una historia de la lectura. Alberto Manguel.





"Van a la caza de autógrafos, poniendo los libros ante las narices del autor con la esperanza de marcharse con la bendita inscripción 'A Polonio, con los mejores deseos, el Autor'. Su entusiasmo llevó al novelista William Golding a decir (durante el festival literario de Toronto en 1989) que 'un día, alguien encontrará un ejemplar de una novela de William Golding no firmado por el autor y valdrá una fortuna'. A los cazadores de autógrafos les empuja la misma curiosidad que lleva a muchos niños a mirar detrás de un teatrillo de marionetas o desmontar un reloj. Quieren besar la mano que escribió Ulises aunque, como señalara Joyce, ‘esa mano hizo también muchas otras cosas'."
Una historia de la lectura. Alberto Manguel.

"Para aquel que roba, o pide prestado un libro y a su dueño no lo devuelve, que se le mude en sierpe en la mano y lo desgarre. Que quede paralizado y condenados todos sus miembros. Que desfallezca de dolor, suplicando a gritos misericordia, y que nada alivie sus sufrimientos hasta que perezca. Que los gusanos de los libros le roan las entrañas como lo hace el remordimiento que nunca cesa. Y que cuando, finalmente, descienda al castigo eterno, que las llamas del infierno lo consuman para siempre."
Inscripción en la biblioteca del monasterio de San Pedro en Barcelona (sic).(¿éste?)
Una historia de la lectura. Alberto Manguel

domingo, 7 de octubre de 2007

Frases y fragmentos ... (XXVII)

... de lecturas más o menos recientes.



Manguel Wilde

Todorov Sacks


“Escribir nuestras impresiones sobre Hamlet cuando volvemos a leerlo año tras año – escribió Virginia Woolf – sería prácticamente como redactar nuestra autobiografía, porque a medida que sabemos más sobre la vida descubrimos que Shakespeare también habla de lo que acabamos de aprender”
Una historia de la lectura. Alberto Manguel.

"En general – escribió Kafka en 1904 a su amigo Oskar Pollak -, creo que sólo debemos leer libros que nos muerdan y nos arañen. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un mazazo en el cráneo, ¿para qué molestarnos en leerlo? ¿Para que nos haga felices, como dices tú? Cielo santo, ¡seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hacen felices podríamos escribirlos nosotros mismos si no nos quedara otro remedio. Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a las junglas más remotas, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser el hacha que quiebre el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo”
Una historia de la lectura. Alberto Manguel.

“En la esfera de la civilización consciente, la estética es a la ética lo que, en la esfera del mundo físico, la selección sexual es a la selección natural. Como la selección natural, la ética hace posible la existencia. Como la selección sexual, la estética hace que la vida sea bella y maravillosa, la colma de formas nuevas, le aporta progreso, variedad, cambio”.
El crítico como artista. Oscar Wilde.

“Rilke se apoya de nuevo en Baudelaire, del que toma la cita de su primer ensayo sobre Rodin. Se trata, en concreto, de una cita de Emerson cuya interpretación por parte del poeta francés retoma. Baudelaire escribe. 'Héroe es quien permanece imperturbablemente concentrado' ”
Los aventureros del absoluto. Tzvetan Todorov.

“Cuando razona [Tsvietáieva], no imagina que se pueda aproximar al absoluto por este medio [la creación poética]: ‘El poeta fracasa inevitablemente en todas las otras vías de realización. Habituado, acostumbrado (por él mismo) con el absoluto, exige de la vida lo que ésta no le puede dar’.”
Los aventureros del absoluto. Tzvetan Todorov.

“En sus cartas a Sand, Flaubert mantiene un credo que había formulado de este modo en una carta dirigida a otra amiga en 1857: 'La vida es tan espantosa que el único medio para poderla soportar es evitarla. Y se la evita viviendo en el Arte, en la búsqueda incesante de lo Verdadero que proporciona lo bello' ”.
Los aventureros del absoluto. Tzvetan Todorov.

"Si un hombre ha perdido una pierna o un ojo, sabe que ha perdido una pierna o un ojo; pero si ha perdido el yo, si se ha perdido a sí mismo, no puede saberlo, porque no está allí para saberlo."
El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Oliver Sacks.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Frases y fragmentos ... (XXVI)

... de lecturas más o menos recientes.

Dickens Cohen Barthes

"La señora Joe era una mujer muy limpia, pero poseía el arte exquisito de hacer su limpieza más incómoda y desagradable para los demás que la misma suciedad. La limpieza vale casi tanto como la piedad, y hay personas que hacen lo mismo con su religión."
Grandes esperanzas. Charles Dickens.

"Dejé a una mujer esperándome.
Me encontré con ella algún tiempo después;
me dijo: Tus ojos están muertos.
Qué es lo que te ha pasado mi amante.

Y como me hablaba con la verdad
traté de contestarle de igual forma.
Lo que le haya pasado a mis ojos
le ha pasado a tu belleza."
La energía de los esclavos. Leonard Cohen.

"Hago esta canción para ti,
Señor del Mundo,
que lo tienes todo,
menos esta canción."
La energía de los esclavos. Leonard Cohen.

"Un koán búdico dice lo que sigue: 'El maestro mantiene la cabeza del discípulo bajo el agua, mucho tiempo, mucho; poco a poco las burbujas se espacian; en el último momento, el maestro saca al discípulo, lo reanima: cuando hayas deseado la verdad como has deseado el aire, entonces sabrás lo que es.' "
Fragmentos de un discurso amoroso. Roland Barthes.

"Este 'contagio afectivo', esta inducción, parte de los otros, del lenguaje, de los libros, de los amigos: ningún amor es original. (La Rochefoucauld: 'Hay gentes, que no habrían estado jamás enamoradas si no hubiesen jamás escuchado hablar del amor' (máxima 36))"
Fragmentos de un discurso amoroso. Roland Barthes.

"Para encontrar la veta de la madera (si no se es ebanista), basta hundir un clavo y ver si entra bien. Para identificar mis puntos débiles existe un instrumento que semeja un clavo: es la broma"
Fragmentos de un discurso amoroso. Roland Barthes.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Sentidos resentidos

¿Cuál es la gracia de ver bailar a los demás? Me lo preguntaba mientras observaba a aquella pareja que siempre entraba en el local poco después de que éste abriera sus puertas; buscaban aquella pequeña y discreta mesa que ofrecía una óptima visión de la pista, encaraban sus sillas hacia el centro, pedían una botella de vino y pasaban largas horas viendo al resto de gente bailar: solos, en pareja, lentos, rápidos, sensuales, frenéticos, ralentizados,…Apenas se miraban entre ellos, parecían querer absorber todo lo que sucedía en la pista, sólo dejaban de mirarla el momento justo y necesario para reponer el nivel de vino de sus copas. Su aparente juventud los hacía aun más singulares, uno no los ubicaba más allá de los treinta; ella probablemente tuviera apenas veinte.
Así pasaban horas. Y días.
Trabajé durante tres meses en la barra de aquel local, y no recuerdo un solo día en que no aparecieran y se situaran en el mismo lugar, siempre acompañados por una botella de vino. En ocasiones, sobretodo entre semana, en los días más flojos, en la pista sólo había un par de personas que apenas puede decirse siquiera que bailaran, simplemente se movían ligeramente al son de la música mientras charlaban y daban buena cuenta de sus copas ... pero aún así, aquella pareja los observaban casi hipnotizados, como si estuvieran viendo bailar el tango más sensual, y fascinante que jamás se hubiera visto.
Ocurría, frecuentemente, en estos días con menor afluencia, que la pista se vaciaba, cuando esto sucedía ejecutaban, como programados, el mismo ritual: él se giraba para buscar la botella y rellenar las copas, bebían un trago y luego ella buscaba en su bolso un par de cigarrillos. Cuando los habían terminado, si nadie había salido a la pista, se levantaban y se marchaban.
Jamás les vi bailar, ni siquiera mover ligeramente las piernas al ritmo de la música … sólo observaban.
Intrigado, le pregunté a uno de los camareros por aquella pareja:

- ¿Quién? … ¿los sordomudos? – me contestó - ¿qué quieres saber?

- No, nada … - le dije - Ya me contestaste.

Claro, sólo eso podía explicar su actitud. Querían conocer la sensación que producía aquello que ellos no podían sentir, probablemente, con un velo de tristeza permanente, pudieran “escuchar” la música de alguna forma al ver al resto de personas moverse a su ritmo, o al menos podrían imaginarla. Desde aquel día no pude dejar de observarlos; aprovechaba los momentos en que no tenía clientes para irme al fondo de la barra, donde mejor podía verlos y, fascinado, mirar sus miradas … me servía una copa y me quedaba casi hipnotizado viéndoles. Buscaba en sus ojos una pista, una señal de aquello que ellos podrían estar imaginando en aquel momento, de la forma, de la textura, del olor y del sabor que estarían asociando a esa música que no podían escuchar y que jamás podrían hacerlo.
Dejé el trabajo poco tiempo después, tras sentir, día tras día, la tristeza que me producía el no poder ver ni escuchar lo que ellos imaginaban, y, sobretodo, por el hecho de creer que nunca podría hacerlo.



A veces voy al rompeolas, me siento en una de las rocas y cierro fuertemente los ojos … sólo escucho las olas, siento la brisa, el olor de la sal … y trato, sin éxito, de imaginarme el mar, imaginar un mar que nunca hubiera visto … Agotado y decepcionado, acabo por abrir los ojos para contemplarlo … es entonces cuando, (maldigo el día que acepté aquel trabajo), no puedo dejar de recordar aquellas miradas sin dejar de convencerme de que ellos, no sólo podrían conseguirlo sino que su mar sería siempre más bonito que el mío.

Sentidos (Isabel Filipe)

miércoles, 15 de agosto de 2007

Frases y fragmentos ... (XXV)

... de lecturas más o menos recientes.


Miller Safranski Barthes

"Tengo muy pocos amigos o conocidos de mi edad o de edad cercana. Aunque suelo sentirme incómodo en compañía de ancianos, me despiertan gran respeto y admiración dos hombres muy viejos que parecen eternamente jóvenes y creativos. Me refiero a Pablo Casals y a Pablo Picasso, ambos hoy de más de noventa años. Esos nonagenarios juveniles ponen en vergüenza a los jóvenes, a hombres y mujeres de mediana edad y clase media, decrépitos en verdad, cadáveres vivientes, por así decirlo, esclavos de sus cómodas rutinas que imaginan que el status quo ha de durar siempre, o que tienen tanto miedo de que sea otro el desenlace que se retiran a sus refugios mentales para esperar el fin."
Al cumplir ochenta. Henry Miller.

"Al escribir mis libros pensaba que me dirigía a espíritus como el mío, nunca me di cuenta de que me aceptarían – y por las peores razones – las masas no pensantes que leen con el mismo entusiasmo tiras cómicas, las noticias deportivas y los reportes financieros del Wall Street Journal."
Mi vida como un eco. Henry Miller.

"Siempre estamos luchando desesperadamente ('nos urge' sería mejor expresión) por descubrir tras el artista al hombre. Como si el hombre llamado Charles Dickens, por ejemplo, fuera una entidad absolutamente independiente del escritor. Nuestro anhelo de atrapar al ser completo pesa menos que nuestra duda de que el artista y el hombre sean uno mismo."
Mi vida como un eco. Henry Miller.

"Cuando en 1875 reúne material para su quinta Intempestiva, sobre el tema ‘Nosotros los filólogos’, escribe esta anotación:’Prefiero escribir algo que merezca ser leído, como los filólogos leen a sus escritores, a acurrucarme en torno a un autor. Y, en general, la más pequeña creación es superior a un discurso sobre lo creado."
Nietzsche. Rüdiger Safranski

"…, no sé demasiado bien lo que es una 'influencia'; en mi opinión lo que se transmite no son 'ideas', sino 'lenguajes', es decir formas que se pueden llenar de modos diferentes; es por eso que la noción de circulación me parece más justa que la de influencia, los libros son más bien 'monedas' que 'fuerzas'."
El grano de la voz. Roland Barthes

sábado, 11 de agosto de 2007

Frases y fragmetos ... (XXIV)

... de lecturas más o menos recientes.

Nietzsche Camus Balzac


"No es necesario ni deseable que alguien tome partido por mí. Al contrario, una dosis de curiosidad, como la que nos inspira una planta extraña, acompañada de una resistencia irónica, me parecería una posición incomparablemente más inteligente en relación con mi persona."
Friedrich Nietzsche, carta a Carl Fuchs, 29 de julio de 1888.

"Si se ha de creer a Homero, Sísifo era el más sabio y prudente de los mortales. No obstante, según otra tradición, se inclinaba al oficio de bandido. No veo en ello contradicción."
El mito de Sísifo. Albert Camus.

"Existe en Douai en la calle de París una casa cuya fisonomía, distribución interior y detalles han conservado, más que los de ninguna otra mansión, el carácter de las antiguas construcciones flamencas, tan ingenuamente adaptadas a las costumbres patriarcales; pero antes de describirla, acaso convenga en interés de los escritores dejar sentada la necesidad de esas preparaciones didácticas contras las que protestan ciertas personas ignorantes y voraces que desean emociones sin soportar sus principios generadores, la flor sin la semilla, la criatura sin la gestación. ¿Habría de exigírsele, pues, al Arte que sea más fuerte que la Naturaleza?"
La búsqueda del absoluto. Honoré de Balzac.

"El resonar de aquellos pasos hubiera dado que pensar a la persona más distraída, ya que resultaba imposible escucharlos distraídamente. Un andar precipitado o convulso aterra. Cuando un hombre se levanta y grita anunciando un incendio, sus pies hablan tan alto como su voz. Siendo así, las emociones que cause un modo de andar contrario no tienen por qué resultar menos intensas. La lentitud grave, el paso cansino de aquel hombre habría sin duda impacientado a gente irreflexiva; pero un observador o personas nerviosas hubieran experimentado una sensación próxima al terror al oír el sincopado ruido de aquellos pies que parecían carecer de vida haciendo crujir el suelo como si dos pesas de hierro lo golpeasen alternaivamente."
La búsqueda del absoluto. Honoré de Balzac.

"De todos los hombres, acaso fuera el único en saber que una palabra, una mirada, pueden borrar años de felicidad, siendo más crueles porque contrastan con una dulzura constante; y es que nuestra naturaleza nos incllina a experimentar más dolor con una disonancia en la felicidad que placer con un goce en la desdicha."
La búsqueda del absoluto. Honoré de Balzac.


viernes, 3 de agosto de 2007

Todd Solondz


"A veces pienso que mis películas no son para todo el mundo. En especial, no son para esa gente a la que tanto le gustan."



Storytelling:



Happiness:




Palíndromos:

jueves, 12 de julio de 2007

Frases y fragmentos ... (XXIII)

... de lecturas más o menos recientes.


NabokovAlbaiges Shapiro
Hillman Strindberg



"- ¿Para quién escribe? ¿Para qué público?
- No creo que el artista deba preocuparse acerca de su público. El mejor público es la persona que todas las mañanas ve en el espejo cuando se afeita. Creo que el público que imagina el artista, cuando imagina semejante cosa, es el de una sala llena de gente que lleva su propia máscara."
Opiniones contundentes. Vladimir Nabokov.


"Una preocupación constante en toda la historia de Atenas era el temor de que las personas con excesiva popularidad por su actuación política, militar o por su riqueza pudieran abusar de ella convirtiéndose en dictadores. Para evitarlo, Clístenes creó una institución peculiar, el ostracismo (*del griego ‘ostrakos’, ‘cerámica’). Se celebraba anualmente, si la Ecclesia lo decidía, una votación en la que en trozos de cerámica se escribía el nombre de una persona considerada peligrosa, y el "elegido” era desterrado de Atenas por diez años, sin juicio ni mayores formalidades."
Alcibíades, el primer griego. Josep Maria Albaigès.


"Ben Jonson, que fue encarcelado por breve tiempo, sólo se libró de la hora por leer su “neck verse”, una escapatoria legal que databa de la época medieval y por la que se perdonaba a los hombres instruidos si eran capaces de leer la Biblia en latín, tarea bastante fácil para Jonson, que había recibido una formación clásica. Pero no salió indemne: fue marcado con hierro candente en el pulgar con la T de Tyburn, el lugar de ejecución de la ciudad. Si volvía a cometer un crimen sería ahorcado allí mismo."
1599. Un año en la vida de William Shakespeare. James Shapiro.


"En la habitación de todo viajero hay una Biblia cuando debiera haber una Odisea."
Pan y la pesadilla. James Hillman.


"DIOS.- ¡Hágase el movimiento, pues el reposo nos ha corrompido!"
Inferno. August Strindberg.

domingo, 27 de mayo de 2007

Una sonrisa

Aunque han pasado ya dos meses, recuerdo aquel día perfectamente. Cualquier hora o minuto de aquel infausto lunes puede ser rememorado por mí hasta el más ínfimo detalle. Recuerdo salir de casa y saludar a la vecina que entraba justo en aquel momento, como cada día, con su periódico y la barra del pan bajo el brazo. Recuerdo los 8 minutos 53 segundos que estuve en la cafetería desayunando, repitiendo la invariable rutina de los días laborables. Ya entonces notaba una extraña sensación que sólo podía describir como inquietante, precisamente porque era lo único que podía decir de ella, ya que no sabía ni definirla ni tampoco explicar su causa. La sensación se acentuó al entrar en el metro, buscar un hueco en el vagón y comenzar el tránsito de 23 minutos 17 segundos hasta mi destino. ¿Qué era lo que me provocaba aquella inquietud? Incapaz de concentrarme en la lectura, reflexionaba sobre la posible causa de mi anormal estado; miraba a mi alrededor y no veía más que las mismas imágenes de cada día, los mismos sonidos, los mismos colores,… Salí casi a la carrera hacia la calle, empujando a varias personas, buscando la luz y el aire, convencido de que se trataba de algún tipo de episodio claustrofóbico. De hecho deseaba que así fuera, de ello me quería convencer a fin de encontrar una explicación, aunque fuera poco convincente, para justificar mi angustia.
Al salir a la calle, la inquietud no sólo permanecía, sino que parecía multiplicarse. Miraba alrededor, contemplaba detalles, examinaba el cielo buscando algún fenómeno meteorológico especial, me miraba los brazos y las piernas buscando alguna señal de algo anormal, diferente, … pero nada, absolutamente nada, todo era aparentemente normal, excepto mi angustia, mi injustificada inquietud.
Dirigirme a la oficina, subir en el ascensor, saludar a los compañeros y ocupar mi mesa no cambió en nada mis sensaciones, de hecho las confirmó. Sentado en mi mesa, miraba alrededor, observando a mis compañeros, buscando aquello que se salía de lo habitual … necesité casi 5 minutos pero lo encontré, ¿cómo se me podía haber pasado por alto?, sí, no había duda, de eso se trataba: ¡todos sonreían!.
Los observaba con una mezcla de asombro e incredulidad; todos sonreían de una forma aparentemente franca, afable, sencilla … No había risas, ni carcajadas, ni gestos fuera de lo normal excepto esa limpia sonrisa permanente en el rostro de todos y cada uno de ellos, como lo estaba, entonces me di cuenta, en el rostro de mi vecina, de la camarera de la cafetería y del resto de personas que tomaban su café matutino, en el de todas y cada una de las personas que había visto en el metro, incluyendo a aquellas a quien en mi carrera hacia el exterior había pisado y empujado. El hecho de haber descubierto el motivo de mi inquietud no hizo que esta desapareciera, acaso lo hizo unos segundos para luego volver multiplicada: aquello no era en absoluto normal, ojalá fuera un sueño, pensaba. Tenía que encontrar la explicación:



- ¡Rafa!- me dirigí a uno de mis compañeros - ¿Por qué sonríes?
- ¿Qué?, ¿qué hablas?, para sonreír estoy yo un lunes por la mañana.



Su respuesta apareció en un tono molesto pero rodeada en todo momento por esa contagiosa sonrisa. Me levanté y me dirigí a la cafetería de la oficina, donde me encontré a cuatro compañeros comentando el fin de semana ya consumido.



- ¡Buenos días a todos! – saludé – ¿Qué es lo que me he perdido? ¿Por qué estáis todos sonriendo?



Se miraron entre ellos manteniendo sus sonrisas, pero en sus miradas se traducía la sorpresa por mi comentario.



- ¿Sonriendo?, ¿es alguna broma o algún chiste?
- Ehh … Sí, un .. un chiste, pero olvidé como sigue.
- Estás bien, tu también. Anda, vamos a trabajar.



Se marcharon todos, sonrientes, hacia sus mesas. No entendía nada, pensaba en una broma que toda la oficina me hubiera preparado pero, obviamente, nunca mi vecina ni la gente del metro podrían estar involucrados. De repente, una horrible certeza me vino a la mente, temblando corrí hacia el lavabo para mirarme al espejo y confirmarla … efectivamente, el espejo me devolvía una mirada angustiosa, aterrorizada … sobre un rostro sonriente. Quedé observando , petrificado, aquella expresión que no era la mía, como tampoco podía ser la de todas las personas que durante el día me había cruzado. Sudaba y temblaba todo mi cuerpo … ¿de quién era esa sonrisa que me devolvía el espejo?, ¿de quiénes eran todas esas sonrisas que se me aparecían por todas partes?
El pánico me paralizó. Al cabo de unos minutos entró un compañero que preocupado me preguntaba, sin perder su sonrisa, qué me ocurría. Yo estaba sentado en un rincón del baño, inmóvil, incapaz de atreverme a mover un músculo, de ponerme a la altura de aquel espejo y de nuevo ver esa horrible sonrisa en mi cara.
Vinieron más compañeros que discutieron, sonrientes, sobre qué me podía ocurrir hasta que decidieron, sin perder la sonrisa, llamar a una ambulancia. Me llevaron a urgencias del Hospital Clínic, me atendieron varios médicos que no perdieron la sonrisa en ningún momento, me hicieron radiografías, TACs, y todo tipo de pruebas. Dos días después el Dr. Sancha vino a mi habitación y me lo explicó, con esa estúpida sonrisa en su rostro, me contó lo del síndrome de Merken-Hagen, lo de que sólo se conocían tres casos en toda la historia (aunque los anteriores se consideraban casi leyendas porque se produjeron hace varios siglos y no había pruebas “fehacientes”), y, sin perder por un momento la sonrisa, pero, eso sí, con un tono tan bajo que apenas pude escucharle lo de que me quedaban entre dos y tres meses de vida.



- Eso es lo que le hace sonreír, – le dije – el poder experimentar directamente con un caso tan raro, ¿verdad? Seguro que será la estrella de todos los congresos médicos a los que vaya.



Le odio, como odio a mis antiguos amigos y a mis familiares que me venían a visitar hasta que les prohibí que lo hicieran: todos sonrientes y satisfechos pese a que sus falsas palabras querían expresar tristeza y dolor. Pero no, su cara hablaba por ellos, sonreían inevitablemente sabiendo que podrían explicar a sus parejas y a sus amigos que conocían a ese tipo raro del que se hablaba en la prensa. Como la cara de los doctores y enfermeras que me atienden en este odioso hospital: todos sonrientes y emocionados de poder tratar a un caso tan extraño. Falsos. Los maldigo a todos. Me están matando, lo sé, puedo ver mi cuerpo que se consume día a día … pero también puedo ver en el espejo como mi gesto se mantiene sonriente, no conseguirán quitarme la sonrisa jamás. Sé que todos me quieren ver muerto, pero no les obsequiaré con ninguna lágrima, con ningún gesto de tristeza. Pienso sonreír hasta el día de mi muerte, y aun lo haré después, cuando contemple como esa estúpida sonrisa desaparece de sus rostros cuando vean que mi cadáver les sonríe. Será la sonrisa victoriosa del ganador. Como deseo que llegue ese momento.

Frases y fragmentos ... (XXII)

... de lecturas más o menos recientes.

Sarah Bernhardt
"Existen también las tradiciones morales relacionadas con lo legendario. En ocasiones he querido, en compañía de un autor, obligar al público a volverse hacia la verdad y a destruir el aspecto legendario de ciertos personajes que la historia de hoy día nos presenta tal como fueron en la realidad. Pues bien, el público no me ha secundado. Y yo me he dado cuenta enseguida de que la leyenda triunfa por encima de la historia y de que es preferible cederle el paso. ¿Quién fue Juana de Arco? ¿la campesina robusta, la buena moza ruda sometida a las promiscuidades de su época bárbara entre los soldados que bromeaban pícaramente? No; se trataba de un ser frágil guiado por un alma divina. Un ángel invisible sostiene su brazo portador del pesado estandarte. Lo que nos interesa es la leyenda. Pues la hemos forjado según nuestra voluntad. Y es la que triunfa."
El arte del teatro. Sarah Bernhardt.

"Los moralistas, y en particular los moralistas religiosos, cubren de oprobio a los actores en general, y consideran el teatro lugar de perdición. Así, en la mayoría de las ciudades de América en que he dado representaciones en el curso de mi gira, los obispos lanzaban ex cátedra rayos destinados a reducirnos a cenizas a mis camaradas y a mí. Respecto a una prédica semejante, mi manager, el señor Henry Abbey, escribió al obispo de Chicago la siguiente carta:
'Monseñor, cuando voy a su ciudad tengo la costumbre de gastarme en publicidad cuatrocientos dólares Pero como esta vez lo ha hecho usted por mí, le envío doscientos dólares para sus pobres.Henry Abbey.'
"
El arte del teatro. Sarah Bernhardt.

"Las más grandes pintoras, Rosa Bonheur, Madeleine Lemaire, la señora Dermont-Breton, Louise Abbéma, Maud Earle, han tenido en diferentes grados un verdadero talento. Pero ni una se ha acercado a Rafael, a Leonardo da Vinci, a Rubens, a Velázquez, a Delacroix, a Edouard Detaille, a Alfred Stevens, a Bastien Lepage. En música, ni una mujer hubiera tenido oportunidad de componer una ópera antes de Augusta Holmès; Cécile Chaminade es una pianista virtuosa y compositora de gran talento: pero ninguna de estas dos mujeres se acerca a Bach, a Mozart, a Beethoven, a Wagner, a Schumann, a Gounod, a Massenet, a Saint-Saëns. En poesía, las señoras Desbordes-Valmore, Ackermann, de Noailles, Lucia Delarue-Mardrus, Rosemonde Gérard, de Régnier, Hélène Picard, Jane Catulle Mendès, tienen todas ellas un enorme talento, pero todavía están lejos de Rostand, Racine, Victor Hugo, Lamartine, Musset, Edmond Rostand, Jean Richepin y tantos otros ilustres…
Y no hablo de escultura: la verdad es que no hay ninguna mujer que sea una gran escultora. (nota: Claudel es 20 años mayor que Bernhardt)
En el teatro, por el contrario, las grandes artistas femeninas son mucho más numerosas que los hombres. Sabemos que Nerón fue un gran actor; pero Teodora fue más grande que él; Roscio era, al parecer, un actor ilustre, y el pobre pagó bien cara su celebridad.
Pero en los dos últimos siglos el número de artistas femeninas que han ilustrado la escena francesa ha sobrepasado el número de los artistas masculinos. No hay nada que oponer a la señorita Duclos, a Adrienne Lecouvreur, a Clairon, a la Champmeslé, a la señorita Georges, a la señorita Mars, a Rachel, como no sean Baron, Talma y Mounet-Sully. Y es algo que me parece absolutamente lógico.
El arte teatral me parece un arte más bien femenino; contiene en sí mismo todos los artificios correspondientes a los recursos de la mujer: el deseo de agradar, la facilidad para exteriorizar los sentimientos y disimular los defectos y la asimilación, que es la esencia misma de la mujer. Y lo que todavía da a la mujer una pequeña superioridad es que es mujer, y que sus cualidades físicas generalmente la hacen superar las cualidades físicas del hombre. Por eso nuestro arte es tan hermoso y tan completo, porque refleja todas las demás artes; nuestro arte, como digo, es un poco inferior porque no puede ejercerse sin la belleza del cuerpo o del rostro."

El arte del teatro. Sarah Bernhardt.



Sarah Bernhardt en Queen Elizabeth (1912)

"Hay cinco clases de actrices: las buenas, las malas, las regulares,
las grandes actrices y ... Sarah Bernhardt"

Mark Twain

sábado, 12 de mayo de 2007

Frases y fragmentos ... (XXI)

... de lecturas más o menos recientes.

Luigi Pirandello Jerzy Grotowski
Adolfo MarsillachOscar Wilde



"DIRECTOR.- ¡Váyamos a los hechos, señores, vayamos a los hechos! ¡Dejémonos de discursos!
PADRE.- ¡Perfecto! Pero no olvide usted que un hecho es … como un saco: si está vacío, no se mantiene en pie. Para ello, hace falta en primer lugar colmarlo de la razón y de los sentimientos que lo han determinado"
Seis personajes en busca de autor. Luigi Pirandello

"DIEGO.- (Violento a su vez, agresivo, poniéndole las manos en los hombros y mirándolo fijamente a los ojos, muy cerca de él.) ¡Sí! Si dejas que te miren de este modo.
PRESTINO.- (
Sorprendido) ¿Cómo?
DIEGO.- Así, a los ojos. ¡Así! ¡No, mírame! Así. Desnudo como estás, con todas tus miserias, con el lodo que tienes dentro de ti, igual que yo, con tus miedos, tus remordimeintos, tus contradicciones. Separa de ti esa marioneta que tu mismo te construyes con la interpretación ficticia de tus actos, de tus sentimientos: te darás cuenta enseguida que nada tiene que ver con lo que eres, con lo que puedes ser en verdad, con lo que está dentro de ti y tú desconoces; es un dios terrible, tenlo en cuenta, si te opones a él; pero enseguida se apiada de ti, de cada una de tus culpas, si te abandonas, si no intentas buscar una excusa"

Cada cual a su manera. Luigi Pirandello

"Consideramos al texto como un trampolín, no como un modelo, y esto no porque despreciemos la literatura, sino porque no es en la literatura donde se encuentra la parte credora del teatro, pese a que las grandes obras dramáticas sean para esta creación un aguijón de valor inestimable."
Teatro laboratorio. Jerzy Grotowski

"Y sin embargo …, hay algo más “natural” en el deseo de seducción de las actrices que en el imperativo de conquistar de los actores. ¿Es que la seducción y la conquista son más femeninas que masculinas? Pues sí, yo creo que sí. Las mujeres “fingen” desde niñas. (No uso el verbo fingir en su sentido peyorativo.) Se arreglan más, demuestran sus sentimientos con menos pudor, se inician en el coqueteo, aprenden a maquillarse… Tal vez esta educación exhibicionista explique el fenómeno de que, en general, las mujeres sean mejores intérpretes que los hombres"
Tan lejos, tan cerca. Adolfo Marsillach

"LORD DARLINGTON: ¡No, no me quiere!
DUMBY: Pues te felicito, chico. En este mundo hay sólo dos tragedias. Una es no conseguir lo que uno quiere, y otra, conseguirlo. Esta última es la peor, ¡esta última es una verdadera tragedia!
"
El abanico de Lady Windermere. Oscar Wilde

domingo, 29 de abril de 2007

El abanico de Lady Windermere

En el Teatre Nacional de Catalunya (TNC) se representa "El ventall de Lady Windermere" de Oscar Wilde, dirigido por Josep Maria Mestres y protagonizado, entre otros, por Carme Elias, Silvia Bel, David Selvas y Abel Folk.



La acción de la obra se ha trasladado ligeramente: desde el final del siglo XIX a los años 20 del pasado siglo. Los motivos los explica el director en estos términos: “Oscar Wilde describía en ‘El abanico de Lady Windermere’ unos personajes inspirados en la misma gente que iba a ver sus comedias, y que se veía reflejada (o, como método de autoprotección, no se quería ver reflejada). Este efecto espejo, nosotros, no lo podemos reproducir. Ahora bien, para facilitar la identificación del público con la historia sí que estamos intentando acercar el comportamiento de los personajes a una sensibilidad más próxima, más contemporánea. Para reforzar este efecto hemos querido trasladar la acción de la obra a los años veinte del siglo pasado. Esto se percibe de entrada, y sobretodo, con el vestuario. El hecho de eliminar la cotilla a las mujeres tiene un valor estético, pero también metafórico. Con esta pequeña modificación tenemos la ventaja de poder construir mujeres más modernas, sin la cotilla física ni la cotilla mental. También ha sido un guiño a Ernst Lubitsch, para mí uno de los grandes maestros de la comedia. Lubitsch hizo su versión cinematográfica de ‘El abanico de Lady Windermere’ en la década de los veinte y trasladó la acción a su época.Por tanto, este desplazamiento funciona también como un pequeño homenaje a Lubitsch. Forzar más el acercamiento de la historia a nuestros días creo que hubiera sido un error de cara a la verosimilitud de los hechos, las situaciones y los sentimientos que la conforman.”


Abel Folk, Carme Elias, Silvia Bel y David Selvas


La obra merece destacarse especialmente por dos motivos: el primero la brillante interpretación (y deslumbrante presencia) de Carme Elias en el papel de Mrs. Erlynne y, por otro, por la acentuación del aspecto cómico de la obra que creo se ha realizado de forma excelente; el texto como tal en muchas ocasiones se aleja de la comedia, tanto por el argumento como por el perfil y carácter de muchos de sus personajes, de forma que es fundamental que la puesta en escena aumente la intensidad de los aspectos cómicos; sirva como ejemplo, el personaje de la Duquesa de Berwick que interpreta Teresa Lozano dándole un toque incluso de simpatía pese a tratarse de un personaje "desagradable" (esto no acaba de gustar a algunos puristas que creen que el director y los actores se deben limitar a "fotocopiar" la idea que el autor quiso dar a su obra, sin darles opción a toque personal alguno) .

La obra, muy recomendable, estará en cartel hasta el 10 de junio.


Como curiosidad les dejo este fragmento de la versión que, en 1981, se hizo para el programa Estudio 1 de TVE. En ella, Carme Elias hizo el papel de Lady Windermere (hija) (con Mercedes Alonso como Mrs Erlynne(madre)). El destino ha querido que 26 años después la podamos volver a ver en la misma obra, pero esta vez interpretando al personaje de Mrs Erlynne.




Bonus track: entrevista a Carme Elias en el programa Via Lliure de RAC-1 (29/04/2007 - 26 min)
Pulsa aquí para escuchar

viernes, 27 de abril de 2007

Constance

Consulté la hora en mi teléfono móvil: las dos de la mañana. Decidí que era suficiente, hubiera deseado continuar un rato más con el trabajo que estaba preparando, pero sabía que en cinco horas debería estar de nuevo en pie, por lo que, a mi pesar, decidí dejarlo e irme a dormir. En ese instante tuve aquella sensación que todos experimentamos de vez en cuando, esa sensación que llega siempre acompañada por una certeza, por una indiscutible seguridad: la de que alguien nos está observando. Pero, ¿quién?, estaba en mi estudio con las persianas bajadas y vivo solo así que ¿a cuento de qué se me había presentado aquella irrebatible sensación?
No tardé en averiguarlo, tras un voluminoso compendio de la obra de Pirandello, aparecía una cabecita que, efectivamente, me observaba…

- No te asustes, ¿vale? – me dijo.

Me la quedé observando mientras salía tímidamente de su escondite y, acercándose al centro de la mesa, se mostraba plenamente. Era una mujer joven, atractiva, con un vestido veraniego blanco que al andar le dibujaba una figura delgada. Su melena, pelirroja, era larga y se dejaba caer despreocupadamente sobre sus hombros; su cara, más difícil de discernir, se intuía llena de pecas y, tras ellas, una expresión aparentemente tranquila.

- No te preocupes – fui capaz de contestar – He trabajado demasiado, me he quedado dormido y estoy soñando con una mujer de cinco centímetros, eso es todo.

Sonrió. Me observaba fijamente, de pie, con los brazos cruzados.

- Te recuerdo bien. Tu cara, tu mirada … Hace unos tres meses, quizás más … - lo decía mirándome con una expresión simpática, y con una sonrisa permanente que parecía iluminar su rostro y resaltar su belleza – Me llamo Constance … Connie! - rectificó - ... y …. hmm … bueno, supongo que si crees estar en tu sueño te lo puedo decir claramente: me “caí” de tu biblioteca … de uno de tus libros.

Mi reacción (ahora me parece estúpida) fue la de mirar a la derecha y observar mi biblioteca, como si el hecho de confirmar que, efectivamente, estaba ahí, diera veracidad a lo que la chica me decía y, lo que es aún más absurdo, a su propia existencia.

- Cuarta estantería – me dijo – entre Big Sur de Kerouac y Trópico de Cáncer de Miller.

Sonreí, una mujer es una mujer aunque mida cinco centímetros, pensé, no puede darme la información clara y directamente, sólo me la sitúa, me deja la incertidumbre y me obliga a descubrirla por mí mismo. Me levanté y me acerqué a la estantería. Entre Kerouac y Miller, así que en lengua inglesa y probablemente empezando por L … lo adiviné un instante antes de verlo: D.H. Lawrence. El libro: El amante de Lady Chatterley. Lo cogí y me giré para observarla de nuevo. Ahí estaba pues, Constance Chatterley, sentada en mi teléfono móvil, balanceando las piernas, mirándome, y, sin ninguna duda posible, divirtiéndose al ver mi expresión que, más que de asombro, debería ser como la del que, recién despertado, recuerda el largo sueño que acaba de abandonar y, asombrado por su intensidad y por su originalidad, mira de buscarle alguna interpretación antes de que se volatilice su recuerdo.
Me senté y, con el libro en la mano, la observé de nuevo, esta vez fijándome en todos los detalles. Sin disimular mi asombro le dije:

- Eres tal y como te imaginaba.
- Claro!, no sé porqué te sorprendes. De hecho, no podría ser de otra forma.
- Te … ¿caíste?
- Bueno, quizás sea más correcto decir que me dejé caer. No sabes lo que me ha costado decidirme, tanto Clifford como Mellors me decían que era una locura, que nunca podría regresar. Pero tenía que hacerlo. No podía soportarlo más, tenía que descubrir esto, vivirlo, sentir todo este mundo … – miraba a su alrededor con los brazos extendidos como si quisiera, con su pequeño cuerpo, abarcar toda la estancia – Es tan … irreal! Y la atmósfera … se hace difícil respirar aquí. – Me miró de nuevo – En cambio tú sí pareces real, aunque tu expresión, tu alma parece apagada ... es tan extraño.
- Quizás si te quedaras un tiempo lo verías diferente – en mi comentario aparecía obvio mi deseo de que permaneciera conmigo. Es difícil expresar qué era lo que realmente me atraía de aquella persona, no era tanto su belleza o la simpatía con la que me miraba, era como si desprendiera una especie de esencia o perfume vital extraordinario.
- O quizás acabara apagándome también y, una vez apagada, sí, lo vería todo diferente, todo “normal” – por primera vez su mirada se tornó triste – Debo irme, no puedo permanecer demasiado tiempo aquí.
- Claro – le dije. Cogí el libro y hojeándolo le pregunté:
- ¿En qué página la dejo señorita?

Tras pensarlo unos segundos y con una sonrisa picarona contestó:

- En la 159, último párrafo.

Le abrí el libro por la página 159, la miró y de un gracioso salto se subió en ella, leyó unas frases, y cuando encontró lo que buscaba su cuerpo se tornó transparente, se notaba su silueta pero ya aparecía difuminada en blancos y negros formando poco a poco palabras. Me pareció que cuando su silueta estaba a punto de hacerse ya invisible se giraba y me lanzaba un beso. Quizás fue sólo una ilusión.
Leí aquellas frases en las que se había fundido:

“Puso las mantas cuidadosamente, una doblada para la cabeza. Luego se sentó un momento en el taburete, y la atrajo hacia sí, estrechándola con un brazo, y recorriéndole el cuerpo con la mano libre. Ella oyó cómo se le cortaba el aliento al encontrarla. Bajo sus frágiles enaguas estaba desnuda.”

Sonreí con complicidad, sorprendido al comprobar que pese a que ya no podía verla la intensidad de su presencia era magnífica, hasta el punto, incluso, de envidiar su vitalidad. Mientras pensaba en ello caí, agotado, en un profundo sueño.

domingo, 22 de abril de 2007

Camille Claudel

Camille Claudel a Paul Claudel
Montdevergues, 3 de marzo de 1930.

Querido Paul,

Hoy, 3 de marzo, es el aniversario de mi secuestro en Ville-Evrard: hace 17 años que Rodin y los marchantes de obras de arte me enviaron a hacer penitencia a los asilos psiquiátricos. Después de apoderarse de la obra de toda mi vida sirviéndose de B. para ejecutar su siniestro proyecto me hicieron cumplir años de prisión que bien se merecerían ellos. B. no era más que un agente del que se sirvieron para tenerte al margen y utilizarte para dar este audaz golpe que salió tal y como habían planeado gracias a tu credulidad y a la de mamá y de Louise. No olvides que la mujer de B. es una antigua modelo de Rodin: ahora ves la maquinación de que fui objeto. ¡Qué bonito! ¡todos aquellos millonarios lanzándose contra una artista indefensa! ya que los señores que colaboraron en tan buena acción son todos más de 40 veces millonarios.
¡Parece que mi pobre taller, algunos pobres muebles, algunos útiles construidos por mí misma, mi pobre menaje todavía excitaban su codicia! Como la imaginación, el sentimiento, lo nuevo, lo imprevisto que surge de un espíritu desarrollado es algo que les está vedado, cerrados de mollera, cerebros obtusos, eternamente ciegos a la luz, les hace falta alguien que les provea. Ellos lo decían: "nos servismos de una alucinada para encontrar los temas".
Tendría que haber al menos algunos estómagos agradecidos que supieran compensar a la pobre mujer a la que despojaron de su genio: ¡no! ¡una casa de locos! ¡ni siquiera el derecho a tener mi propia casa!...
(...)Camille Claudel Parece que el principal beneficiario de mi taller es el señor Hébrard, editor de obras de arte, calle Royale. Allí se precipitaron todos mis bocetos (más de 300). Parece que ya unos años antes de mi marcha de París, los bocetos que hacía en Villeneuve tomaban el camino de su casa (por qué milagro? Dios sabe) Los encontré en su casa copiados en bronce y firmados por otros artistas: ¡realmente es demasiado fuerte! ...¡Y condenarme a prisión perpetua para que no reclame!
Todo esto sale en el fondo del cerebro diabólico de Rodin. Sólo tenía una idea, que cuando él muriera yo podría alzar el vuelo como artista y llegar a ser más que él: era preciso que consiguiera tenerme entre sus garras después de su muerte igual que en vida. Era preciso que yo fuera desgraciada muerto él igual que vivo. ¡Lo ha conseguido punto por punto, porque lo que es desgraciada lo soy!
¡Puede que no te importe mucho pero lo soy!
(...)
Estoy muy aburrida de esta esclavitud. Me gustaría mucho estar en mi casa y cerrar bien la puerta.
No sé si podré realizar este sueño, estar en mi casa.
(...)
No tengo noticias de tus hijos.
Muchos saludos para ti y tu familia.
C.

(Extraído de 'Correspondecia de Clamille Claudel'. Editorial Síntesis)



De la película "Camille Claudel" con Isabelle Adjani


lunes, 9 de abril de 2007

Adolfo Marsillach

'Tan lejos, tan cerca' (Tusquets editores) es el título de la excelente autobiografía que Adolfo Marsillach (Barcelona,1928 - Madrid,2002) escribió entre 1990 y 1998.
A lo largo de 574 páginas muestra los entresijos de un mundo que conocía como nadie: el de la televisión (Ramón y Cajal,...), el cine (Esquilache,...) y, muy especialmente, el del teatro. Desde la perspectiva del adolescente enviado a participar en una obra como método terapéutico para vencer la timidez a la del curtido veterano que termina por, desde un lujoso despacho del Ministerio de Cultura, intentar cambiar algo de la organización de la cultura en España. Entre medio más de cincuenta años de actividad que nos narra con maestría y que nos descubre un mundo tan maravilloso en cuanto a creatividad, cultura, crecimiento,... como detestable en cuanto a la envidia y las ansias de poder de los mediocres.
Después de compartir esos cincuenta años con él, aprendiendo con sus experiencias, sonriendo con sus cientos de anécdotas, admirando no sólo su trabajo sino también su forma de vivir, uno termina por compartir emocionalmente el duro golpe del descubrimiento del cáncer, momento final de la autobiografía, que le llevaría a la muerte cuatro años después.

En el Palau Robert de Barcelona (Paseo de Gracia/Av. Diagonal) se puede ver una (pequeña) exposición dedicada a Marsillach hasta el 13 de mayo.






Fragmentos de la autobiografía:

"Tampoco yo soy – o al menos no me considero – un mal catalán. Ni mi padre. Ni nadie, que yo sepa, de mi familia. Admiro y quiero – porque son rabiosamente “míos” – a Maragall, a Verdaguer y a Rusiñol, pero también me pertenecen – y no estoy dispuesto a ponerles una barretina sobre la tumba – Cervantes, Quevedo y Lope. He sido educado en una idea universalizada de la cultura y, por muy pequeño que sea el universo – que sí, que lo es -, me niego a empequeñecerlo todavía más. En el fondo de mi corazón sólo considero compatriotas a quienes leyeron los mismos libros que yo he leído. Lo demás – como dijo Shakespeare – es silencio."

"El Tartufo me obligó a plantearme la vieja cuestión de cómo tratar a los clásicos. En algún sitio escribí estas líneas que anticipaban unas ideas que muchos años más tarde iba a poner en práctica durante mi etapa como director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico: 'Adoro los libros, me encanta abrirlos, olerlos, descifrarlos con cierto deleite amoroso. Pero los libros que yo elijo, los que he descubierto, los que me esperan, ofreciéndoseme, sobre mi mesilla de noche. Los otros, no. Los que me forzaban a leer para aprobar una asignatura, no: ésos no los quiero. Y un clásico es víctima de esa circunstancia, víctima de la enseñanza obligatoria. Un clásico es un autor con la etiqueta de “pesado” en el lomo de sus libros. Pero ese autor – ese hombre- tuvo un día otras espaldas y otros “lomos”, si se me permite decirlo así. Y ahora lo desconocemos. Le hemos construido un sólido panteón de estudios y seminarios y hemos echado la llave al mar de las cosas muertas. Y, sin embargo, ese hombre estuvo vivo una vez y no fue un clásico'”.

"Leí no hace mucho en una entrevista que le hacían a Antonio Resines, que éste aseguraba – no sé si despectivamente – que “el teatro no da dinero ni popularidad”. Claro, claro, es verdad. Lo que sucede es que yo no quiero ser millonario ni popular (y si llego a serlo no me consideraré del todo responsable). Para mí el teatro es una aventura, un vértigo, una atracción… La misma que siente el escritor al empezar una novela o el pintor al iniciar un cuadro. No sé, creo que no me compensa hacer algo que no me conmueva. El Centro Dramático Nacional estaba lleno de antonios resines."

"A los dramaturgos que creen que sus textos son intocables, les encantan los intérpretes enfáticos y declamatorios que reverencian los puntos, las comas y los paréntesis. Los que, más pragmáticos, opinamos que “la obra es el resultado”, preferimos los actores que dan la sensación de ignorar lo que van a decir en la frase siguiente."

"Recuerdo que, en un viaje que hice a China, tuve un encuentro con los directores de la Ópera de Pekín, que, en contra de lo que pueda suponerse, no es un local sino un género: hay “óperas de Pekín” en muchas ciudades. Nos contaron – íbamos en la misma “excursión” Antonio Gala, Terenci Moix, Víctor Ullate, José Manuel Garrido y Alfonso Riera – que entre los intérpretes de su ópera se desconocía el paro.
- ¿Por qué?
- Educamos al número exacto de actores que se necesitan: ni uno más. Se hace una rigurosa selección entre muchísimos candidatos de todo el país – niños entre cinco o seis años -, los traemos aquí, se les somete a una disciplina muy fuerte, les enseñamos música, canto, danza, artes marciales, maquillaje y, naturalmente, interpretación. Luego, cuando acceden a la juventud, los distribuimos entre los teatros que tienen vacantes que precisan ser cubiertas.
- ¿Y ustedes no se equivocan?
- ¿Cómo?
- ¿Qué ocurre si un chico, al que se eligió siendo un niño, después se comprueba que carece de talento?
- Ah, ningún problema: los malos intérpretes se quedan de profesores.
Nunca he olvidado esta lapidaria sentencia. Su paralelismo español me aplasta."


Links:
Centro Dramático Nacional
Compañía Nacional de Teatro Clásico
Exposición 'Tan lejos, tan cerca' Palau Robert

lunes, 2 de abril de 2007

Frases y fragmentos ... (XX)

... de lecturas más o menos recientes.

Chéjov

"El encargado me dijo: 'Le tengo a usted aquí sólo por respeto a su venerable padre; de lo contrario hace mucho tiempo que hubiera usted salido volando.' Yo le dije. 'Me lisonjea usted demasiado, excelencia, al suponer que yo sé volar'. Luego, oí como decía: “Llévense a este señor, me ataca los nervios'."
Mi vida. Antón Chéjov

"Cuando había asistido a los ensayos en Moscú, se había reído de muchos aspectos de la dirección que le habían parecido absurdos. Stanislavski tenía la costumbre de introducir el tictac de relojes, el sonido de timbres y sonajeros, incluso el canto de grillos. Quería que se oyeran los ladridos de perros auténticos para dar la sensación de realidad. Chéjov encontraba absurdos todos esos ruidos. Y lo que más absurdo le parecía eran los ladridos de perros auténticos. Había dicho: 'es como si en la cara de una persona pintada en un cuadro se aplicara una auténtica nariz'."
Antón Chéjov. Natalia Ginzburg

"Cuando Suvórin le insiste en una carta que debe contraer matrimonio, Chéjov le responde:
'De acuerdo, me voy a casar si este es su deseo. Pero éstas son mis condiciones: todo deberá continuar como antes, es decir, ella vivirá en Moscú y yo en el campo, y vendré a verla. No podría soportar la felicidad continua, todos los días, de la mañana a la noche. Si se me habla todos los días de lo mismo y en el mismo tono, me pongo furioso … Prometo ser un marido excelente, pero déme una esposa que sea como la luna, que no aparezca en mi cielo todos los días: el matrimonio no me haría escribir mejor …'"

Semblanza de Antón Pávlovich Chéjov. Victor Andresco

"El 2 de junio de 1904 [con 44 años], Antón Pávlovich Chéjov se despierta súbitamente en su habitación de un hotel de Berlín. Llama a su mujer y le dice que le traiga champagne, luego exclama: 'Ich sterbe' [Me muero]. Con los ojos entornados, pensativo, bebe lentamente su copa de champagne. ¡Es la última de su vida! Después, tranquilamente, se acuesta sobre un lado y muere.
Su cadáver fue trasladado de Badenweiler a San Petersburgo, en un vagón cuyo letrero decía: 'Ostras'. El tren entró muy despacio en la estación casi vacía, donde esperaba un reducido grupo de amigos. Las contadas personas que circulaban por los andenes y los empleados ignoraban que en aquel 'vagón de ostras' acababa de realizar su último viaje –para recibir sepultura en su patria- uno de los más grandes escritores rusos."

Semblanza de Antón Pávlovich Chéjov. Victor Andresco

domingo, 25 de marzo de 2007

La mirada



(Anna Karina en 'Vivir su vida' de Jean Luc Godard)

... la mirada en la que el personaje descubre a su espectador; la mirada en la que el personaje de ficción descubre que lo es.

sábado, 24 de marzo de 2007

Frases y fragmentos ... (XIX)

... de lecturas más o menos recientes.


Strindberg Enquist Dostoievski

"LA HIJA.- ¡Todo está fuera de quicio! ¡No tienes más que ver las cuatro facultades! ... El Gobierno conservador subvenciona a las cuatro: la de Teología, la ciencia de Dios, siempre atacada y ridiculizada por la de Filosofía, que se considera la sabiduría por excelencia! Y la Medicina que siempre desacredita a la Filosofía y que no cuenta la Teología entre las ciencias sino que la llama superstición … Y allí están las cuatro en el mismo claustro que debe enseñar a los alumnos respeto - ¡por la Universidad! ¡Es un manicomio! Y ¡ay del primero que se vuelva cuerdo!."
Comedia Onírica. August Strindberg

"EL CIEGO.- Pregunté una vez a un niño por qué era el mar salado y el niño, que tenía a su padre en un barco por alta mar, me dijo que porque los marineros lloran mucho.¿Y por qué lloran tanto los marineros? … pues, me contestó, porque siempre tienen que marcharse de viaje.¡Y por eso secan siempre los pañuelos en los mástiles! … ¿Por qué lloran los hombres cuando están tristes?, le pregunté después … Porque a veces, me contestó, hay que lavarse los ojos para ver con más claridad."
Comedia Onírica. August Strindberg

"LA HIJA DE INDRA.- Y oigo sonidos que vienen de allá abajo … ¿Qué clase de seres viven allá?
LA VOZ DE INDRA .- Baja y verás … no quiero calumniar a los hijos del Creador, pero lo que oyes desde aquí es su idioma.
LA HIJA DE INDRA.- Suena como … no suena muy alegre.
LA VOZ DE INDRA.- ¡Así es! Su idioma se llama Queja. ¡Sí, sí! Los que habitan la Tierra son unas gentes insatisfechas y desagradecidas."

Comedia Onírica. August Strindberg

"SCHIWE (asombrado, hablando para sí mismo).- Si al menos pudiese comprender …qué es, en realidad, lo que tienen de extraordinario los escritores.
SIRI.-¡¡Nada!!
STRINDBERG.- Yo se lo voy a decir. Escribimos palabras. En el fondo eso es realmente extraordinario.
SCHIWE.- Realmente … ¿lo es?
STRINDBERG.-Yo pongo por escrito en un papel los sentimientos y los temores de los hombres antes de que ellos noten que los tienen. ¡Un año antes – diez años – cien años antes! Cuando ven las palabras, los sentimientos, bien documentados, se asustan y se indignan. Y no por el terrorismo que ejercen las señoras sobre nosotros. Que sería lo natural. No. ¡Se indignan contra el que lo ha escrito!¡Eso es lo que a mí me parece extraordinario!"

La noche de las tríbadas. Per Olov Enquist

"Pero ahora repito y subrayo que tanto los individuos voluntariosos como los hombres enérgicos son activos porque son estúpidos y limitados. ¿Cómo explicar esto? Pues de la manera siguiente: a consecuencia de su limitación toman por causas primarias las que sólo son secundarias aunque inmediatas y , por lo tanto, se persuaden más pronto y fácilmente que otras personas de que han hallado una base firme para sus actos y con ello se tranquilizan, cosa que, como se sabe, es lo que en realidad importa. Al fin y al cabo, para obrar se precisa ante todo que el individuo esté absolutamente seguro de sí mismo y no tenga duda alguna."
Apuntes del subsuelo. F.M. Dostoyevski