jueves, 12 de julio de 2007

Frases y fragmentos ... (XXIII)

... de lecturas más o menos recientes.


NabokovAlbaiges Shapiro
Hillman Strindberg



"- ¿Para quién escribe? ¿Para qué público?
- No creo que el artista deba preocuparse acerca de su público. El mejor público es la persona que todas las mañanas ve en el espejo cuando se afeita. Creo que el público que imagina el artista, cuando imagina semejante cosa, es el de una sala llena de gente que lleva su propia máscara."
Opiniones contundentes. Vladimir Nabokov.


"Una preocupación constante en toda la historia de Atenas era el temor de que las personas con excesiva popularidad por su actuación política, militar o por su riqueza pudieran abusar de ella convirtiéndose en dictadores. Para evitarlo, Clístenes creó una institución peculiar, el ostracismo (*del griego ‘ostrakos’, ‘cerámica’). Se celebraba anualmente, si la Ecclesia lo decidía, una votación en la que en trozos de cerámica se escribía el nombre de una persona considerada peligrosa, y el "elegido” era desterrado de Atenas por diez años, sin juicio ni mayores formalidades."
Alcibíades, el primer griego. Josep Maria Albaigès.


"Ben Jonson, que fue encarcelado por breve tiempo, sólo se libró de la hora por leer su “neck verse”, una escapatoria legal que databa de la época medieval y por la que se perdonaba a los hombres instruidos si eran capaces de leer la Biblia en latín, tarea bastante fácil para Jonson, que había recibido una formación clásica. Pero no salió indemne: fue marcado con hierro candente en el pulgar con la T de Tyburn, el lugar de ejecución de la ciudad. Si volvía a cometer un crimen sería ahorcado allí mismo."
1599. Un año en la vida de William Shakespeare. James Shapiro.


"En la habitación de todo viajero hay una Biblia cuando debiera haber una Odisea."
Pan y la pesadilla. James Hillman.


"DIOS.- ¡Hágase el movimiento, pues el reposo nos ha corrompido!"
Inferno. August Strindberg.

domingo, 27 de mayo de 2007

Una sonrisa

Aunque han pasado ya dos meses, recuerdo aquel día perfectamente. Cualquier hora o minuto de aquel infausto lunes puede ser rememorado por mí hasta el más ínfimo detalle. Recuerdo salir de casa y saludar a la vecina que entraba justo en aquel momento, como cada día, con su periódico y la barra del pan bajo el brazo. Recuerdo los 8 minutos 53 segundos que estuve en la cafetería desayunando, repitiendo la invariable rutina de los días laborables. Ya entonces notaba una extraña sensación que sólo podía describir como inquietante, precisamente porque era lo único que podía decir de ella, ya que no sabía ni definirla ni tampoco explicar su causa. La sensación se acentuó al entrar en el metro, buscar un hueco en el vagón y comenzar el tránsito de 23 minutos 17 segundos hasta mi destino. ¿Qué era lo que me provocaba aquella inquietud? Incapaz de concentrarme en la lectura, reflexionaba sobre la posible causa de mi anormal estado; miraba a mi alrededor y no veía más que las mismas imágenes de cada día, los mismos sonidos, los mismos colores,… Salí casi a la carrera hacia la calle, empujando a varias personas, buscando la luz y el aire, convencido de que se trataba de algún tipo de episodio claustrofóbico. De hecho deseaba que así fuera, de ello me quería convencer a fin de encontrar una explicación, aunque fuera poco convincente, para justificar mi angustia.
Al salir a la calle, la inquietud no sólo permanecía, sino que parecía multiplicarse. Miraba alrededor, contemplaba detalles, examinaba el cielo buscando algún fenómeno meteorológico especial, me miraba los brazos y las piernas buscando alguna señal de algo anormal, diferente, … pero nada, absolutamente nada, todo era aparentemente normal, excepto mi angustia, mi injustificada inquietud.
Dirigirme a la oficina, subir en el ascensor, saludar a los compañeros y ocupar mi mesa no cambió en nada mis sensaciones, de hecho las confirmó. Sentado en mi mesa, miraba alrededor, observando a mis compañeros, buscando aquello que se salía de lo habitual … necesité casi 5 minutos pero lo encontré, ¿cómo se me podía haber pasado por alto?, sí, no había duda, de eso se trataba: ¡todos sonreían!.
Los observaba con una mezcla de asombro e incredulidad; todos sonreían de una forma aparentemente franca, afable, sencilla … No había risas, ni carcajadas, ni gestos fuera de lo normal excepto esa limpia sonrisa permanente en el rostro de todos y cada uno de ellos, como lo estaba, entonces me di cuenta, en el rostro de mi vecina, de la camarera de la cafetería y del resto de personas que tomaban su café matutino, en el de todas y cada una de las personas que había visto en el metro, incluyendo a aquellas a quien en mi carrera hacia el exterior había pisado y empujado. El hecho de haber descubierto el motivo de mi inquietud no hizo que esta desapareciera, acaso lo hizo unos segundos para luego volver multiplicada: aquello no era en absoluto normal, ojalá fuera un sueño, pensaba. Tenía que encontrar la explicación:



- ¡Rafa!- me dirigí a uno de mis compañeros - ¿Por qué sonríes?
- ¿Qué?, ¿qué hablas?, para sonreír estoy yo un lunes por la mañana.



Su respuesta apareció en un tono molesto pero rodeada en todo momento por esa contagiosa sonrisa. Me levanté y me dirigí a la cafetería de la oficina, donde me encontré a cuatro compañeros comentando el fin de semana ya consumido.



- ¡Buenos días a todos! – saludé – ¿Qué es lo que me he perdido? ¿Por qué estáis todos sonriendo?



Se miraron entre ellos manteniendo sus sonrisas, pero en sus miradas se traducía la sorpresa por mi comentario.



- ¿Sonriendo?, ¿es alguna broma o algún chiste?
- Ehh … Sí, un .. un chiste, pero olvidé como sigue.
- Estás bien, tu también. Anda, vamos a trabajar.



Se marcharon todos, sonrientes, hacia sus mesas. No entendía nada, pensaba en una broma que toda la oficina me hubiera preparado pero, obviamente, nunca mi vecina ni la gente del metro podrían estar involucrados. De repente, una horrible certeza me vino a la mente, temblando corrí hacia el lavabo para mirarme al espejo y confirmarla … efectivamente, el espejo me devolvía una mirada angustiosa, aterrorizada … sobre un rostro sonriente. Quedé observando , petrificado, aquella expresión que no era la mía, como tampoco podía ser la de todas las personas que durante el día me había cruzado. Sudaba y temblaba todo mi cuerpo … ¿de quién era esa sonrisa que me devolvía el espejo?, ¿de quiénes eran todas esas sonrisas que se me aparecían por todas partes?
El pánico me paralizó. Al cabo de unos minutos entró un compañero que preocupado me preguntaba, sin perder su sonrisa, qué me ocurría. Yo estaba sentado en un rincón del baño, inmóvil, incapaz de atreverme a mover un músculo, de ponerme a la altura de aquel espejo y de nuevo ver esa horrible sonrisa en mi cara.
Vinieron más compañeros que discutieron, sonrientes, sobre qué me podía ocurrir hasta que decidieron, sin perder la sonrisa, llamar a una ambulancia. Me llevaron a urgencias del Hospital Clínic, me atendieron varios médicos que no perdieron la sonrisa en ningún momento, me hicieron radiografías, TACs, y todo tipo de pruebas. Dos días después el Dr. Sancha vino a mi habitación y me lo explicó, con esa estúpida sonrisa en su rostro, me contó lo del síndrome de Merken-Hagen, lo de que sólo se conocían tres casos en toda la historia (aunque los anteriores se consideraban casi leyendas porque se produjeron hace varios siglos y no había pruebas “fehacientes”), y, sin perder por un momento la sonrisa, pero, eso sí, con un tono tan bajo que apenas pude escucharle lo de que me quedaban entre dos y tres meses de vida.



- Eso es lo que le hace sonreír, – le dije – el poder experimentar directamente con un caso tan raro, ¿verdad? Seguro que será la estrella de todos los congresos médicos a los que vaya.



Le odio, como odio a mis antiguos amigos y a mis familiares que me venían a visitar hasta que les prohibí que lo hicieran: todos sonrientes y satisfechos pese a que sus falsas palabras querían expresar tristeza y dolor. Pero no, su cara hablaba por ellos, sonreían inevitablemente sabiendo que podrían explicar a sus parejas y a sus amigos que conocían a ese tipo raro del que se hablaba en la prensa. Como la cara de los doctores y enfermeras que me atienden en este odioso hospital: todos sonrientes y emocionados de poder tratar a un caso tan extraño. Falsos. Los maldigo a todos. Me están matando, lo sé, puedo ver mi cuerpo que se consume día a día … pero también puedo ver en el espejo como mi gesto se mantiene sonriente, no conseguirán quitarme la sonrisa jamás. Sé que todos me quieren ver muerto, pero no les obsequiaré con ninguna lágrima, con ningún gesto de tristeza. Pienso sonreír hasta el día de mi muerte, y aun lo haré después, cuando contemple como esa estúpida sonrisa desaparece de sus rostros cuando vean que mi cadáver les sonríe. Será la sonrisa victoriosa del ganador. Como deseo que llegue ese momento.

Frases y fragmentos ... (XXII)

... de lecturas más o menos recientes.

Sarah Bernhardt
"Existen también las tradiciones morales relacionadas con lo legendario. En ocasiones he querido, en compañía de un autor, obligar al público a volverse hacia la verdad y a destruir el aspecto legendario de ciertos personajes que la historia de hoy día nos presenta tal como fueron en la realidad. Pues bien, el público no me ha secundado. Y yo me he dado cuenta enseguida de que la leyenda triunfa por encima de la historia y de que es preferible cederle el paso. ¿Quién fue Juana de Arco? ¿la campesina robusta, la buena moza ruda sometida a las promiscuidades de su época bárbara entre los soldados que bromeaban pícaramente? No; se trataba de un ser frágil guiado por un alma divina. Un ángel invisible sostiene su brazo portador del pesado estandarte. Lo que nos interesa es la leyenda. Pues la hemos forjado según nuestra voluntad. Y es la que triunfa."
El arte del teatro. Sarah Bernhardt.

"Los moralistas, y en particular los moralistas religiosos, cubren de oprobio a los actores en general, y consideran el teatro lugar de perdición. Así, en la mayoría de las ciudades de América en que he dado representaciones en el curso de mi gira, los obispos lanzaban ex cátedra rayos destinados a reducirnos a cenizas a mis camaradas y a mí. Respecto a una prédica semejante, mi manager, el señor Henry Abbey, escribió al obispo de Chicago la siguiente carta:
'Monseñor, cuando voy a su ciudad tengo la costumbre de gastarme en publicidad cuatrocientos dólares Pero como esta vez lo ha hecho usted por mí, le envío doscientos dólares para sus pobres.Henry Abbey.'
"
El arte del teatro. Sarah Bernhardt.

"Las más grandes pintoras, Rosa Bonheur, Madeleine Lemaire, la señora Dermont-Breton, Louise Abbéma, Maud Earle, han tenido en diferentes grados un verdadero talento. Pero ni una se ha acercado a Rafael, a Leonardo da Vinci, a Rubens, a Velázquez, a Delacroix, a Edouard Detaille, a Alfred Stevens, a Bastien Lepage. En música, ni una mujer hubiera tenido oportunidad de componer una ópera antes de Augusta Holmès; Cécile Chaminade es una pianista virtuosa y compositora de gran talento: pero ninguna de estas dos mujeres se acerca a Bach, a Mozart, a Beethoven, a Wagner, a Schumann, a Gounod, a Massenet, a Saint-Saëns. En poesía, las señoras Desbordes-Valmore, Ackermann, de Noailles, Lucia Delarue-Mardrus, Rosemonde Gérard, de Régnier, Hélène Picard, Jane Catulle Mendès, tienen todas ellas un enorme talento, pero todavía están lejos de Rostand, Racine, Victor Hugo, Lamartine, Musset, Edmond Rostand, Jean Richepin y tantos otros ilustres…
Y no hablo de escultura: la verdad es que no hay ninguna mujer que sea una gran escultora. (nota: Claudel es 20 años mayor que Bernhardt)
En el teatro, por el contrario, las grandes artistas femeninas son mucho más numerosas que los hombres. Sabemos que Nerón fue un gran actor; pero Teodora fue más grande que él; Roscio era, al parecer, un actor ilustre, y el pobre pagó bien cara su celebridad.
Pero en los dos últimos siglos el número de artistas femeninas que han ilustrado la escena francesa ha sobrepasado el número de los artistas masculinos. No hay nada que oponer a la señorita Duclos, a Adrienne Lecouvreur, a Clairon, a la Champmeslé, a la señorita Georges, a la señorita Mars, a Rachel, como no sean Baron, Talma y Mounet-Sully. Y es algo que me parece absolutamente lógico.
El arte teatral me parece un arte más bien femenino; contiene en sí mismo todos los artificios correspondientes a los recursos de la mujer: el deseo de agradar, la facilidad para exteriorizar los sentimientos y disimular los defectos y la asimilación, que es la esencia misma de la mujer. Y lo que todavía da a la mujer una pequeña superioridad es que es mujer, y que sus cualidades físicas generalmente la hacen superar las cualidades físicas del hombre. Por eso nuestro arte es tan hermoso y tan completo, porque refleja todas las demás artes; nuestro arte, como digo, es un poco inferior porque no puede ejercerse sin la belleza del cuerpo o del rostro."

El arte del teatro. Sarah Bernhardt.



Sarah Bernhardt en Queen Elizabeth (1912)

"Hay cinco clases de actrices: las buenas, las malas, las regulares,
las grandes actrices y ... Sarah Bernhardt"

Mark Twain

sábado, 12 de mayo de 2007

Frases y fragmentos ... (XXI)

... de lecturas más o menos recientes.

Luigi Pirandello Jerzy Grotowski
Adolfo MarsillachOscar Wilde



"DIRECTOR.- ¡Váyamos a los hechos, señores, vayamos a los hechos! ¡Dejémonos de discursos!
PADRE.- ¡Perfecto! Pero no olvide usted que un hecho es … como un saco: si está vacío, no se mantiene en pie. Para ello, hace falta en primer lugar colmarlo de la razón y de los sentimientos que lo han determinado"
Seis personajes en busca de autor. Luigi Pirandello

"DIEGO.- (Violento a su vez, agresivo, poniéndole las manos en los hombros y mirándolo fijamente a los ojos, muy cerca de él.) ¡Sí! Si dejas que te miren de este modo.
PRESTINO.- (
Sorprendido) ¿Cómo?
DIEGO.- Así, a los ojos. ¡Así! ¡No, mírame! Así. Desnudo como estás, con todas tus miserias, con el lodo que tienes dentro de ti, igual que yo, con tus miedos, tus remordimeintos, tus contradicciones. Separa de ti esa marioneta que tu mismo te construyes con la interpretación ficticia de tus actos, de tus sentimientos: te darás cuenta enseguida que nada tiene que ver con lo que eres, con lo que puedes ser en verdad, con lo que está dentro de ti y tú desconoces; es un dios terrible, tenlo en cuenta, si te opones a él; pero enseguida se apiada de ti, de cada una de tus culpas, si te abandonas, si no intentas buscar una excusa"

Cada cual a su manera. Luigi Pirandello

"Consideramos al texto como un trampolín, no como un modelo, y esto no porque despreciemos la literatura, sino porque no es en la literatura donde se encuentra la parte credora del teatro, pese a que las grandes obras dramáticas sean para esta creación un aguijón de valor inestimable."
Teatro laboratorio. Jerzy Grotowski

"Y sin embargo …, hay algo más “natural” en el deseo de seducción de las actrices que en el imperativo de conquistar de los actores. ¿Es que la seducción y la conquista son más femeninas que masculinas? Pues sí, yo creo que sí. Las mujeres “fingen” desde niñas. (No uso el verbo fingir en su sentido peyorativo.) Se arreglan más, demuestran sus sentimientos con menos pudor, se inician en el coqueteo, aprenden a maquillarse… Tal vez esta educación exhibicionista explique el fenómeno de que, en general, las mujeres sean mejores intérpretes que los hombres"
Tan lejos, tan cerca. Adolfo Marsillach

"LORD DARLINGTON: ¡No, no me quiere!
DUMBY: Pues te felicito, chico. En este mundo hay sólo dos tragedias. Una es no conseguir lo que uno quiere, y otra, conseguirlo. Esta última es la peor, ¡esta última es una verdadera tragedia!
"
El abanico de Lady Windermere. Oscar Wilde

domingo, 29 de abril de 2007

El abanico de Lady Windermere

En el Teatre Nacional de Catalunya (TNC) se representa "El ventall de Lady Windermere" de Oscar Wilde, dirigido por Josep Maria Mestres y protagonizado, entre otros, por Carme Elias, Silvia Bel, David Selvas y Abel Folk.



La acción de la obra se ha trasladado ligeramente: desde el final del siglo XIX a los años 20 del pasado siglo. Los motivos los explica el director en estos términos: “Oscar Wilde describía en ‘El abanico de Lady Windermere’ unos personajes inspirados en la misma gente que iba a ver sus comedias, y que se veía reflejada (o, como método de autoprotección, no se quería ver reflejada). Este efecto espejo, nosotros, no lo podemos reproducir. Ahora bien, para facilitar la identificación del público con la historia sí que estamos intentando acercar el comportamiento de los personajes a una sensibilidad más próxima, más contemporánea. Para reforzar este efecto hemos querido trasladar la acción de la obra a los años veinte del siglo pasado. Esto se percibe de entrada, y sobretodo, con el vestuario. El hecho de eliminar la cotilla a las mujeres tiene un valor estético, pero también metafórico. Con esta pequeña modificación tenemos la ventaja de poder construir mujeres más modernas, sin la cotilla física ni la cotilla mental. También ha sido un guiño a Ernst Lubitsch, para mí uno de los grandes maestros de la comedia. Lubitsch hizo su versión cinematográfica de ‘El abanico de Lady Windermere’ en la década de los veinte y trasladó la acción a su época.Por tanto, este desplazamiento funciona también como un pequeño homenaje a Lubitsch. Forzar más el acercamiento de la historia a nuestros días creo que hubiera sido un error de cara a la verosimilitud de los hechos, las situaciones y los sentimientos que la conforman.”


Abel Folk, Carme Elias, Silvia Bel y David Selvas


La obra merece destacarse especialmente por dos motivos: el primero la brillante interpretación (y deslumbrante presencia) de Carme Elias en el papel de Mrs. Erlynne y, por otro, por la acentuación del aspecto cómico de la obra que creo se ha realizado de forma excelente; el texto como tal en muchas ocasiones se aleja de la comedia, tanto por el argumento como por el perfil y carácter de muchos de sus personajes, de forma que es fundamental que la puesta en escena aumente la intensidad de los aspectos cómicos; sirva como ejemplo, el personaje de la Duquesa de Berwick que interpreta Teresa Lozano dándole un toque incluso de simpatía pese a tratarse de un personaje "desagradable" (esto no acaba de gustar a algunos puristas que creen que el director y los actores se deben limitar a "fotocopiar" la idea que el autor quiso dar a su obra, sin darles opción a toque personal alguno) .

La obra, muy recomendable, estará en cartel hasta el 10 de junio.


Como curiosidad les dejo este fragmento de la versión que, en 1981, se hizo para el programa Estudio 1 de TVE. En ella, Carme Elias hizo el papel de Lady Windermere (hija) (con Mercedes Alonso como Mrs Erlynne(madre)). El destino ha querido que 26 años después la podamos volver a ver en la misma obra, pero esta vez interpretando al personaje de Mrs Erlynne.




Bonus track: entrevista a Carme Elias en el programa Via Lliure de RAC-1 (29/04/2007 - 26 min)
Pulsa aquí para escuchar

viernes, 27 de abril de 2007

Constance

Consulté la hora en mi teléfono móvil: las dos de la mañana. Decidí que era suficiente, hubiera deseado continuar un rato más con el trabajo que estaba preparando, pero sabía que en cinco horas debería estar de nuevo en pie, por lo que, a mi pesar, decidí dejarlo e irme a dormir. En ese instante tuve aquella sensación que todos experimentamos de vez en cuando, esa sensación que llega siempre acompañada por una certeza, por una indiscutible seguridad: la de que alguien nos está observando. Pero, ¿quién?, estaba en mi estudio con las persianas bajadas y vivo solo así que ¿a cuento de qué se me había presentado aquella irrebatible sensación?
No tardé en averiguarlo, tras un voluminoso compendio de la obra de Pirandello, aparecía una cabecita que, efectivamente, me observaba…

- No te asustes, ¿vale? – me dijo.

Me la quedé observando mientras salía tímidamente de su escondite y, acercándose al centro de la mesa, se mostraba plenamente. Era una mujer joven, atractiva, con un vestido veraniego blanco que al andar le dibujaba una figura delgada. Su melena, pelirroja, era larga y se dejaba caer despreocupadamente sobre sus hombros; su cara, más difícil de discernir, se intuía llena de pecas y, tras ellas, una expresión aparentemente tranquila.

- No te preocupes – fui capaz de contestar – He trabajado demasiado, me he quedado dormido y estoy soñando con una mujer de cinco centímetros, eso es todo.

Sonrió. Me observaba fijamente, de pie, con los brazos cruzados.

- Te recuerdo bien. Tu cara, tu mirada … Hace unos tres meses, quizás más … - lo decía mirándome con una expresión simpática, y con una sonrisa permanente que parecía iluminar su rostro y resaltar su belleza – Me llamo Constance … Connie! - rectificó - ... y …. hmm … bueno, supongo que si crees estar en tu sueño te lo puedo decir claramente: me “caí” de tu biblioteca … de uno de tus libros.

Mi reacción (ahora me parece estúpida) fue la de mirar a la derecha y observar mi biblioteca, como si el hecho de confirmar que, efectivamente, estaba ahí, diera veracidad a lo que la chica me decía y, lo que es aún más absurdo, a su propia existencia.

- Cuarta estantería – me dijo – entre Big Sur de Kerouac y Trópico de Cáncer de Miller.

Sonreí, una mujer es una mujer aunque mida cinco centímetros, pensé, no puede darme la información clara y directamente, sólo me la sitúa, me deja la incertidumbre y me obliga a descubrirla por mí mismo. Me levanté y me acerqué a la estantería. Entre Kerouac y Miller, así que en lengua inglesa y probablemente empezando por L … lo adiviné un instante antes de verlo: D.H. Lawrence. El libro: El amante de Lady Chatterley. Lo cogí y me giré para observarla de nuevo. Ahí estaba pues, Constance Chatterley, sentada en mi teléfono móvil, balanceando las piernas, mirándome, y, sin ninguna duda posible, divirtiéndose al ver mi expresión que, más que de asombro, debería ser como la del que, recién despertado, recuerda el largo sueño que acaba de abandonar y, asombrado por su intensidad y por su originalidad, mira de buscarle alguna interpretación antes de que se volatilice su recuerdo.
Me senté y, con el libro en la mano, la observé de nuevo, esta vez fijándome en todos los detalles. Sin disimular mi asombro le dije:

- Eres tal y como te imaginaba.
- Claro!, no sé porqué te sorprendes. De hecho, no podría ser de otra forma.
- Te … ¿caíste?
- Bueno, quizás sea más correcto decir que me dejé caer. No sabes lo que me ha costado decidirme, tanto Clifford como Mellors me decían que era una locura, que nunca podría regresar. Pero tenía que hacerlo. No podía soportarlo más, tenía que descubrir esto, vivirlo, sentir todo este mundo … – miraba a su alrededor con los brazos extendidos como si quisiera, con su pequeño cuerpo, abarcar toda la estancia – Es tan … irreal! Y la atmósfera … se hace difícil respirar aquí. – Me miró de nuevo – En cambio tú sí pareces real, aunque tu expresión, tu alma parece apagada ... es tan extraño.
- Quizás si te quedaras un tiempo lo verías diferente – en mi comentario aparecía obvio mi deseo de que permaneciera conmigo. Es difícil expresar qué era lo que realmente me atraía de aquella persona, no era tanto su belleza o la simpatía con la que me miraba, era como si desprendiera una especie de esencia o perfume vital extraordinario.
- O quizás acabara apagándome también y, una vez apagada, sí, lo vería todo diferente, todo “normal” – por primera vez su mirada se tornó triste – Debo irme, no puedo permanecer demasiado tiempo aquí.
- Claro – le dije. Cogí el libro y hojeándolo le pregunté:
- ¿En qué página la dejo señorita?

Tras pensarlo unos segundos y con una sonrisa picarona contestó:

- En la 159, último párrafo.

Le abrí el libro por la página 159, la miró y de un gracioso salto se subió en ella, leyó unas frases, y cuando encontró lo que buscaba su cuerpo se tornó transparente, se notaba su silueta pero ya aparecía difuminada en blancos y negros formando poco a poco palabras. Me pareció que cuando su silueta estaba a punto de hacerse ya invisible se giraba y me lanzaba un beso. Quizás fue sólo una ilusión.
Leí aquellas frases en las que se había fundido:

“Puso las mantas cuidadosamente, una doblada para la cabeza. Luego se sentó un momento en el taburete, y la atrajo hacia sí, estrechándola con un brazo, y recorriéndole el cuerpo con la mano libre. Ella oyó cómo se le cortaba el aliento al encontrarla. Bajo sus frágiles enaguas estaba desnuda.”

Sonreí con complicidad, sorprendido al comprobar que pese a que ya no podía verla la intensidad de su presencia era magnífica, hasta el punto, incluso, de envidiar su vitalidad. Mientras pensaba en ello caí, agotado, en un profundo sueño.

domingo, 22 de abril de 2007

Camille Claudel

Camille Claudel a Paul Claudel
Montdevergues, 3 de marzo de 1930.

Querido Paul,

Hoy, 3 de marzo, es el aniversario de mi secuestro en Ville-Evrard: hace 17 años que Rodin y los marchantes de obras de arte me enviaron a hacer penitencia a los asilos psiquiátricos. Después de apoderarse de la obra de toda mi vida sirviéndose de B. para ejecutar su siniestro proyecto me hicieron cumplir años de prisión que bien se merecerían ellos. B. no era más que un agente del que se sirvieron para tenerte al margen y utilizarte para dar este audaz golpe que salió tal y como habían planeado gracias a tu credulidad y a la de mamá y de Louise. No olvides que la mujer de B. es una antigua modelo de Rodin: ahora ves la maquinación de que fui objeto. ¡Qué bonito! ¡todos aquellos millonarios lanzándose contra una artista indefensa! ya que los señores que colaboraron en tan buena acción son todos más de 40 veces millonarios.
¡Parece que mi pobre taller, algunos pobres muebles, algunos útiles construidos por mí misma, mi pobre menaje todavía excitaban su codicia! Como la imaginación, el sentimiento, lo nuevo, lo imprevisto que surge de un espíritu desarrollado es algo que les está vedado, cerrados de mollera, cerebros obtusos, eternamente ciegos a la luz, les hace falta alguien que les provea. Ellos lo decían: "nos servismos de una alucinada para encontrar los temas".
Tendría que haber al menos algunos estómagos agradecidos que supieran compensar a la pobre mujer a la que despojaron de su genio: ¡no! ¡una casa de locos! ¡ni siquiera el derecho a tener mi propia casa!...
(...)Camille Claudel Parece que el principal beneficiario de mi taller es el señor Hébrard, editor de obras de arte, calle Royale. Allí se precipitaron todos mis bocetos (más de 300). Parece que ya unos años antes de mi marcha de París, los bocetos que hacía en Villeneuve tomaban el camino de su casa (por qué milagro? Dios sabe) Los encontré en su casa copiados en bronce y firmados por otros artistas: ¡realmente es demasiado fuerte! ...¡Y condenarme a prisión perpetua para que no reclame!
Todo esto sale en el fondo del cerebro diabólico de Rodin. Sólo tenía una idea, que cuando él muriera yo podría alzar el vuelo como artista y llegar a ser más que él: era preciso que consiguiera tenerme entre sus garras después de su muerte igual que en vida. Era preciso que yo fuera desgraciada muerto él igual que vivo. ¡Lo ha conseguido punto por punto, porque lo que es desgraciada lo soy!
¡Puede que no te importe mucho pero lo soy!
(...)
Estoy muy aburrida de esta esclavitud. Me gustaría mucho estar en mi casa y cerrar bien la puerta.
No sé si podré realizar este sueño, estar en mi casa.
(...)
No tengo noticias de tus hijos.
Muchos saludos para ti y tu familia.
C.

(Extraído de 'Correspondecia de Clamille Claudel'. Editorial Síntesis)



De la película "Camille Claudel" con Isabelle Adjani


lunes, 9 de abril de 2007

Adolfo Marsillach

'Tan lejos, tan cerca' (Tusquets editores) es el título de la excelente autobiografía que Adolfo Marsillach (Barcelona,1928 - Madrid,2002) escribió entre 1990 y 1998.
A lo largo de 574 páginas muestra los entresijos de un mundo que conocía como nadie: el de la televisión (Ramón y Cajal,...), el cine (Esquilache,...) y, muy especialmente, el del teatro. Desde la perspectiva del adolescente enviado a participar en una obra como método terapéutico para vencer la timidez a la del curtido veterano que termina por, desde un lujoso despacho del Ministerio de Cultura, intentar cambiar algo de la organización de la cultura en España. Entre medio más de cincuenta años de actividad que nos narra con maestría y que nos descubre un mundo tan maravilloso en cuanto a creatividad, cultura, crecimiento,... como detestable en cuanto a la envidia y las ansias de poder de los mediocres.
Después de compartir esos cincuenta años con él, aprendiendo con sus experiencias, sonriendo con sus cientos de anécdotas, admirando no sólo su trabajo sino también su forma de vivir, uno termina por compartir emocionalmente el duro golpe del descubrimiento del cáncer, momento final de la autobiografía, que le llevaría a la muerte cuatro años después.

En el Palau Robert de Barcelona (Paseo de Gracia/Av. Diagonal) se puede ver una (pequeña) exposición dedicada a Marsillach hasta el 13 de mayo.






Fragmentos de la autobiografía:

"Tampoco yo soy – o al menos no me considero – un mal catalán. Ni mi padre. Ni nadie, que yo sepa, de mi familia. Admiro y quiero – porque son rabiosamente “míos” – a Maragall, a Verdaguer y a Rusiñol, pero también me pertenecen – y no estoy dispuesto a ponerles una barretina sobre la tumba – Cervantes, Quevedo y Lope. He sido educado en una idea universalizada de la cultura y, por muy pequeño que sea el universo – que sí, que lo es -, me niego a empequeñecerlo todavía más. En el fondo de mi corazón sólo considero compatriotas a quienes leyeron los mismos libros que yo he leído. Lo demás – como dijo Shakespeare – es silencio."

"El Tartufo me obligó a plantearme la vieja cuestión de cómo tratar a los clásicos. En algún sitio escribí estas líneas que anticipaban unas ideas que muchos años más tarde iba a poner en práctica durante mi etapa como director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico: 'Adoro los libros, me encanta abrirlos, olerlos, descifrarlos con cierto deleite amoroso. Pero los libros que yo elijo, los que he descubierto, los que me esperan, ofreciéndoseme, sobre mi mesilla de noche. Los otros, no. Los que me forzaban a leer para aprobar una asignatura, no: ésos no los quiero. Y un clásico es víctima de esa circunstancia, víctima de la enseñanza obligatoria. Un clásico es un autor con la etiqueta de “pesado” en el lomo de sus libros. Pero ese autor – ese hombre- tuvo un día otras espaldas y otros “lomos”, si se me permite decirlo así. Y ahora lo desconocemos. Le hemos construido un sólido panteón de estudios y seminarios y hemos echado la llave al mar de las cosas muertas. Y, sin embargo, ese hombre estuvo vivo una vez y no fue un clásico'”.

"Leí no hace mucho en una entrevista que le hacían a Antonio Resines, que éste aseguraba – no sé si despectivamente – que “el teatro no da dinero ni popularidad”. Claro, claro, es verdad. Lo que sucede es que yo no quiero ser millonario ni popular (y si llego a serlo no me consideraré del todo responsable). Para mí el teatro es una aventura, un vértigo, una atracción… La misma que siente el escritor al empezar una novela o el pintor al iniciar un cuadro. No sé, creo que no me compensa hacer algo que no me conmueva. El Centro Dramático Nacional estaba lleno de antonios resines."

"A los dramaturgos que creen que sus textos son intocables, les encantan los intérpretes enfáticos y declamatorios que reverencian los puntos, las comas y los paréntesis. Los que, más pragmáticos, opinamos que “la obra es el resultado”, preferimos los actores que dan la sensación de ignorar lo que van a decir en la frase siguiente."

"Recuerdo que, en un viaje que hice a China, tuve un encuentro con los directores de la Ópera de Pekín, que, en contra de lo que pueda suponerse, no es un local sino un género: hay “óperas de Pekín” en muchas ciudades. Nos contaron – íbamos en la misma “excursión” Antonio Gala, Terenci Moix, Víctor Ullate, José Manuel Garrido y Alfonso Riera – que entre los intérpretes de su ópera se desconocía el paro.
- ¿Por qué?
- Educamos al número exacto de actores que se necesitan: ni uno más. Se hace una rigurosa selección entre muchísimos candidatos de todo el país – niños entre cinco o seis años -, los traemos aquí, se les somete a una disciplina muy fuerte, les enseñamos música, canto, danza, artes marciales, maquillaje y, naturalmente, interpretación. Luego, cuando acceden a la juventud, los distribuimos entre los teatros que tienen vacantes que precisan ser cubiertas.
- ¿Y ustedes no se equivocan?
- ¿Cómo?
- ¿Qué ocurre si un chico, al que se eligió siendo un niño, después se comprueba que carece de talento?
- Ah, ningún problema: los malos intérpretes se quedan de profesores.
Nunca he olvidado esta lapidaria sentencia. Su paralelismo español me aplasta."


Links:
Centro Dramático Nacional
Compañía Nacional de Teatro Clásico
Exposición 'Tan lejos, tan cerca' Palau Robert

lunes, 2 de abril de 2007

Frases y fragmentos ... (XX)

... de lecturas más o menos recientes.

Chéjov

"El encargado me dijo: 'Le tengo a usted aquí sólo por respeto a su venerable padre; de lo contrario hace mucho tiempo que hubiera usted salido volando.' Yo le dije. 'Me lisonjea usted demasiado, excelencia, al suponer que yo sé volar'. Luego, oí como decía: “Llévense a este señor, me ataca los nervios'."
Mi vida. Antón Chéjov

"Cuando había asistido a los ensayos en Moscú, se había reído de muchos aspectos de la dirección que le habían parecido absurdos. Stanislavski tenía la costumbre de introducir el tictac de relojes, el sonido de timbres y sonajeros, incluso el canto de grillos. Quería que se oyeran los ladridos de perros auténticos para dar la sensación de realidad. Chéjov encontraba absurdos todos esos ruidos. Y lo que más absurdo le parecía eran los ladridos de perros auténticos. Había dicho: 'es como si en la cara de una persona pintada en un cuadro se aplicara una auténtica nariz'."
Antón Chéjov. Natalia Ginzburg

"Cuando Suvórin le insiste en una carta que debe contraer matrimonio, Chéjov le responde:
'De acuerdo, me voy a casar si este es su deseo. Pero éstas son mis condiciones: todo deberá continuar como antes, es decir, ella vivirá en Moscú y yo en el campo, y vendré a verla. No podría soportar la felicidad continua, todos los días, de la mañana a la noche. Si se me habla todos los días de lo mismo y en el mismo tono, me pongo furioso … Prometo ser un marido excelente, pero déme una esposa que sea como la luna, que no aparezca en mi cielo todos los días: el matrimonio no me haría escribir mejor …'"

Semblanza de Antón Pávlovich Chéjov. Victor Andresco

"El 2 de junio de 1904 [con 44 años], Antón Pávlovich Chéjov se despierta súbitamente en su habitación de un hotel de Berlín. Llama a su mujer y le dice que le traiga champagne, luego exclama: 'Ich sterbe' [Me muero]. Con los ojos entornados, pensativo, bebe lentamente su copa de champagne. ¡Es la última de su vida! Después, tranquilamente, se acuesta sobre un lado y muere.
Su cadáver fue trasladado de Badenweiler a San Petersburgo, en un vagón cuyo letrero decía: 'Ostras'. El tren entró muy despacio en la estación casi vacía, donde esperaba un reducido grupo de amigos. Las contadas personas que circulaban por los andenes y los empleados ignoraban que en aquel 'vagón de ostras' acababa de realizar su último viaje –para recibir sepultura en su patria- uno de los más grandes escritores rusos."

Semblanza de Antón Pávlovich Chéjov. Victor Andresco

domingo, 25 de marzo de 2007

La mirada



(Anna Karina en 'Vivir su vida' de Jean Luc Godard)

... la mirada en la que el personaje descubre a su espectador; la mirada en la que el personaje de ficción descubre que lo es.

sábado, 24 de marzo de 2007

Frases y fragmentos ... (XIX)

... de lecturas más o menos recientes.


Strindberg Enquist Dostoievski

"LA HIJA.- ¡Todo está fuera de quicio! ¡No tienes más que ver las cuatro facultades! ... El Gobierno conservador subvenciona a las cuatro: la de Teología, la ciencia de Dios, siempre atacada y ridiculizada por la de Filosofía, que se considera la sabiduría por excelencia! Y la Medicina que siempre desacredita a la Filosofía y que no cuenta la Teología entre las ciencias sino que la llama superstición … Y allí están las cuatro en el mismo claustro que debe enseñar a los alumnos respeto - ¡por la Universidad! ¡Es un manicomio! Y ¡ay del primero que se vuelva cuerdo!."
Comedia Onírica. August Strindberg

"EL CIEGO.- Pregunté una vez a un niño por qué era el mar salado y el niño, que tenía a su padre en un barco por alta mar, me dijo que porque los marineros lloran mucho.¿Y por qué lloran tanto los marineros? … pues, me contestó, porque siempre tienen que marcharse de viaje.¡Y por eso secan siempre los pañuelos en los mástiles! … ¿Por qué lloran los hombres cuando están tristes?, le pregunté después … Porque a veces, me contestó, hay que lavarse los ojos para ver con más claridad."
Comedia Onírica. August Strindberg

"LA HIJA DE INDRA.- Y oigo sonidos que vienen de allá abajo … ¿Qué clase de seres viven allá?
LA VOZ DE INDRA .- Baja y verás … no quiero calumniar a los hijos del Creador, pero lo que oyes desde aquí es su idioma.
LA HIJA DE INDRA.- Suena como … no suena muy alegre.
LA VOZ DE INDRA.- ¡Así es! Su idioma se llama Queja. ¡Sí, sí! Los que habitan la Tierra son unas gentes insatisfechas y desagradecidas."

Comedia Onírica. August Strindberg

"SCHIWE (asombrado, hablando para sí mismo).- Si al menos pudiese comprender …qué es, en realidad, lo que tienen de extraordinario los escritores.
SIRI.-¡¡Nada!!
STRINDBERG.- Yo se lo voy a decir. Escribimos palabras. En el fondo eso es realmente extraordinario.
SCHIWE.- Realmente … ¿lo es?
STRINDBERG.-Yo pongo por escrito en un papel los sentimientos y los temores de los hombres antes de que ellos noten que los tienen. ¡Un año antes – diez años – cien años antes! Cuando ven las palabras, los sentimientos, bien documentados, se asustan y se indignan. Y no por el terrorismo que ejercen las señoras sobre nosotros. Que sería lo natural. No. ¡Se indignan contra el que lo ha escrito!¡Eso es lo que a mí me parece extraordinario!"

La noche de las tríbadas. Per Olov Enquist

"Pero ahora repito y subrayo que tanto los individuos voluntariosos como los hombres enérgicos son activos porque son estúpidos y limitados. ¿Cómo explicar esto? Pues de la manera siguiente: a consecuencia de su limitación toman por causas primarias las que sólo son secundarias aunque inmediatas y , por lo tanto, se persuaden más pronto y fácilmente que otras personas de que han hallado una base firme para sus actos y con ello se tranquilizan, cosa que, como se sabe, es lo que en realidad importa. Al fin y al cabo, para obrar se precisa ante todo que el individuo esté absolutamente seguro de sí mismo y no tenga duda alguna."
Apuntes del subsuelo. F.M. Dostoyevski

martes, 20 de marzo de 2007

Dedicado a (la inmensa mayoría de) la blogosfera

El Señor ha contemplado con regocijo el último ejemplar que los amanuenses han terminado. Ha mostrado su conformidad con el trabajo de los dibujantes, bromeando sobre el tamaño de su barba que, algo mayor que el habitual en Su Graciosa Majestad, aparece en algunos de los grabados
El biógrafo del rey se mantenía en un rincón de la habitación escribiendo a gran velocidad los movimientos, los gestos y las palabras de su señor. Estaba cansado pero sabía que en cuanto el rey se marchara hacia el salón para comer llegaría su relevo.
El rey contemplaba la interminable biblioteca donde se guardaban los ejemplares de su obra más preciada, su propia y detallada biografía que en más de 50.000 lujosos volúmenes cubrían hasta donde la vista alcanzaba.
En la sala sólo se escuchaba el sonido de la escritura del biógrafo que discretamente situado no se detenía más que el instante necesario para alzar la vista y revisar si el rey había cambiado su gesto o el destino de su mirada. Finalmente se dirigió a su secretario:
- Rasbar, ¿cuántas copias estamos haciendo de los ejemplares?
- Dos, mi señor. Una guardada en los sótanos de palacio y una segunda en la residencia de verano en la costa Norte. Ambas custodiadas permanentemente como ordenó.
- Quiero una tercera copia. Que se deposite más allá de la frontera de las montañas. Solicitad a nuestro aliado el rey Alham que nos la custodie… y enviadle cincuenta de nuestros mejores caballos como muestra de agradecimiento.
- Así se hará mi señor.
El rey se dirigió hacia el salón donde le esperaba su comida de mediodía, se sentó junto a la reina que le esperaba y se quedó pensativo, observando a los biógrafos que se relevaban en ese momento. Tanto los camareros del rey como la propia reina esperaban que éste hiciera el gesto para servir los manjares que los cocineros habían preparado. Pero el rey no hizo ninguna señal, manteniendo su mirada perdida y su gesto pensativo dijo:
- Mi señora, sabe que me llena de orgullo contemplar mi biblioteca, también sabe de la tranquilidad que me otorgan mis volúmenes y la seguridad que me ofrece a la hora de alcanzar el sueño el saber que las generaciones venideras, que los tiempos que tardarán en llegar mucho más de lo imaginable, podrán contemplar y gozar con la lectura de mi vida, de todos mis hechos, de mis gestos, de todas mis palabras …
- Claro, mi señor, es una magna obra que a toda la corte enorgullece. ¿Qué es lo que le preocupa?
- Sé lo que mis biógrafos escriben sobre mí, lo repaso a diario y rara vez tengo que corregirles. Pero... pero no sé lo que los demás escriben de mí, desconozco lo que fuera de estas murallas puedan dejar grabado a la espera de que ojos de hombres aun por nacer lean y conozcan.
- Mi señor, de las manos de sus súbditos no pueden salir más que frases elogiosas hacia Su Majestad.
- Sí, así debería ser. Pero debo reconocer que el no tener la certeza me produce turbación. Y, es evidente, - dijo cambiando a un tono mucho más enérgico- que un rey turbado no puede reinar como de él se espera. ¡Rasbar! - gritó
El secretario se acercó inmediatamente a la mesa.
- Quiero que te ocupes personalmente de traer a palacio todos los libros que en el reino existan. Quiero tenerlos absolutamente todos aquí. Selecciona a 300 de nuestros mejores estudiantes y ocúpalos en leer todos esos libros y anotar todo aquello que de mí se diga en ellos. Apóyate en quien necesites para esta tarea, ordeno que el capitán de la guardia te ceda el mando de las unidades de caballería o infantería que necesites. Dispón de todos los carros que hay en palacio si es necesario y si más necesitas dispón tu mismo de los de algunos súbditos. ¿Alguna pregunta?
- No, mi señor.
- Bien, dispones de 7 días.
El fiel y eficiente Rasbar se marchó tras las reverencias de rigor dispuesto a acometer la ardua tarea que el rey le había encomendado.

Siete días después los jardines de palacio ofrecían un aspecto singular, cientos de largas mesas de madera se alineaban a lo largo de los jardines, con un ejército de lectores sentados a ellas que leían con rapidez un libro tras otro seleccionado al azar de las montañas que éstos ocupaban sobre las mesas; una vez terminados los depositaban en carros situados unos metros más allá.
Durante la última hora de la noche del séptimo día desde la orden del rey, él último libro fue terminado por el último lector que quedaba en la última mesa de los jardines.
Apenas pudo dormir el rey aquella noche, en cuanto amaneció se levantó rápidamente y se dirigió a la sala del trono donde había citado a su secretario.
- Rasbar, pareces cansado. Debo felicitarte por lo eficientemente que has dirigido la misión que te encargué. Ahora, dime, quiero saber lo que de mí se escribe más allá de estas murallas, a orillas del Latae, o en las costas del Norte.
- Mi señor, puedo afirmarle con rotundidad y con orgullo de sus súbditos que ni una sola mala frase, ni una sola mala palabra está escrita sobre Su Majestad.
- ¡Ahhhh! ¡Qué alegría me das mi querido Rasbar! Ahora mi anterior preocupación se me aparece ridícula. Serás recompensado por tu trabajo, no lo dudes, y también mis súbditos; declararé en las fiestas de primavera dos semanas adicionales de juegos. – El rey sin poder disimular su alegría continuó – Pero dime, ¿en qué términos hablan de mí?, ¿hay alguna original forma de escribir sobre mi gobierno y mi grandeza que quizás en mi biografía no hayamos observado? Vamos, cuéntame, quiero saber los detalles.
Rasbar guardaba silencio mirando al suelo, parecía buscar las palabras necesarias para contestar al rey.
- ¡Vamos, mi querido secretario! Empieza por aquello que primero recuerdes, tiempo habrá de leer en detalle las anotaciones que nuestros lectores hayan hecho sobre lo encontrado en toda esa montaña de libros …
- Mi Señor, no puedo recordar en este momento nada de lo que de Su Majestad se haya escrito en esos libros.
- Tranquilo, ve a buscar los registros, los informes que tus ayudantes hayan preparado. No te importe, por una vez, hacer esperar al rey.
- Mi Señor ya he visto esos registros y esos informes y nada hay en ellos, porque nada se ha hallado en ninguno de los libros.
- ¿Cómo? – El rey se levantó airado, su sonrisa había desaparecido, en su rostro se alternaban gestos de incomprensión, de ira e incluso de temor – ¿Me estás diciendo que ninguno de los libros del reino de mí habla, que en ningún párrafo se me menciona, que ninguna frase me alude, que ninguna palabra me refiere?
- Así es mi Señor.
El rey se sentó en el trono, su turbación era evidente, sabía con seguridad que las palabras de su secretario eran ciertas, que no podía haberse equivocado pues conocía su insuperable competencia.
- Márchate Rasbar, tú también biógrafo… dejarme sólo.
El secretario y el biógrafo se retiraron dejando al rey sólo en su trono, aturdido aún por lo que había descubierto, intentando encontrar una explicación a algo que le parecía incomprensible.
Se mantuvo pensativo largo tiempo, solo … cayó en la cuenta que era la primera vez que permanecía solo, no había biógrafos, ni secretarios, ni asesores, ni médicos, ni la reina, ni la guardia …
- ¡Qué extraña sensación! Nadie me está observando, nadie está atento a mis gestos ni a mis palabras, nadie hay admirándome…¿admirándome?, sólo yo me he admirado realmente y utilizo mi poder sobre ellos para provocar su falsa admiración. ¡Qué dolorosa y a la vez inmensa lección me han dado mis súbditos! ¿Quién iba a mostrar admiración por mí, sin ser obligado a ello si nunca podría superar la que yo mismo siento hacia mí? Por primera vez en mi vida mis palabras se van a perder y, va a ser, precisamente, en la primera ocasión en la que merecían ser escritas.

sábado, 17 de marzo de 2007

Frases y fragmentos ... (XVIII)

... de lecturas más o menos recientes.


Dostoyevski Hesse Barthes


"Pues, claro, se trata de las leyes de la naturaleza o de las conclusiones de las ciencias naturales o de la matemática. Cuando, por ejemplo, te demuestran que desciendes del mono, ya no tienes por qué enfurruñarte; acéptalo enhorabuena. Cuando te demuestran que una gotita de tu propia grasa debiera ser en realidad más preciosa para ti que cien mil de tus prójimos, y que tal demostración acaba con todo eso que llaman virtudes, deberes y demás fantasías y prejuicios, acéptalo sin más, porque no cabe hacer otra cosa, ya que dos por dos es … matemática. O si no lo crees así, trata de demostrar lo contrario.
“Pero, hombre – le gritarán -, es inútil rebelarse contra ello: ¡dos por dos son cuatro! La naturaleza no le pide a usted su opinión; a ella no le importan los deseos de usted, ni si le gustan o no le gustan sus leyes. Está usted obligado a aceptarla tal cual es y, por ende, todos sus resultados. O sea, que un muro de piedra es un muro de piedra …,etc.,etc.,” pero, Dios santo, ¿qué me importan a mí las leyes de la naturaleza y la aritmética cuando, por el motivo que sea, no me gustan esas leyes ni tampoco el que dos por dos son cuatro? Ni que decir tiene que nunca podré romper ese muro de piedra a cabezazos si no tengo fuerza bastante para ello, pero nunca me resignaré ante él sólo porque sea un muro de piedra y porque no tengo fuerza bastante para derribarlo
."
Apuntes del subsuelo. F.M. Dostoyevski

"¡Ése es el maldito romanticismo de todos esos corazones puros! ¡Oh, la vileza, oh, la estupidez, oh, la insensibilidad de estas abominables almas sentimentales! (…)
'¡Y qué pocas palabras, qué pocas fueron necesarias! – pensaba yo de paso -. ¡Qué pocos cuadros idílicos necesité (y por añadidura artificiales, librescos, inventados) para alterar en un tris toda un alma humana de acuerdo con mi voluntad!
'"
Apuntes del subsuelo. F.M. Dostoyevski

"No creo que haya crítica literaria en sí ; no existe método crítico independiente de una filosofía más general; es imposible hablar de literatura sin referirse a una psicología, a una sociología, una estética o a una moral: la crítica es forzosamente parásita de una ideología más vasta. En lo que a mí concierne estoy dispuesto a reconocer toda crítica que declare la ideología sobre la cual inevitablemente se funda; aunque por eso mismo me siento obligado a cuestionar toda crítica que no tiene esa franqueza."
El grano de la voz. Roland Barthes

"Tras la experiencia psicoanalítica y del Oriente, Hesse empieza a encontrar su “camino hacia dentro”, su camino hacia el corazón del mundo y reconoce la indestructibilidad del yo más íntimo. Este “yo” comprende a la vez el fundamento del mundo y de la vida y no puede confundirse con el yo individual. En una carta de 1943 aún reconocía la realidad de este “yo”, distinto y más profundo que el personal: 'Pero existe además el otro Yo, oculto tras el primero, mezclado con él, pero inconfundible. Este segundo Yo, sublime y sagrado (el atman de los hindúes, que usted equipara a Brama), no es personal, sino nuestra parte de "Dios", de la vida, del todo, de lo impersonal y ultrapersonal. Entregarse a este Yo, seguirle, siempre vale la pena. Pero resulta difícil, porque este Yo eterno es silencioso y paciente, mientras que el otro Yo – el individual- es impaciente y ruidoso'"
Herman Hesse y su obra. José M. Carandell.

"Después de una conferencia sobre cosmología y la estructura del sistema solar, una pequeña y anciana señora se acercó a William James y le dijo que estaba equivocado si pensaba que la Tierra rotaba alrededor del Sol.
- Yo tengo una teoría mejor – dijo la anciana señora.
- ¿Y cuál es, señora? – le preguntó James cortésmente.
- Que vivimos en un trozo de tierra que está sobre la concha de una tortuga gigante.
- Si su teoría es correcta, señora, -preguntó James- ¿dónde está puesta esa tortuga?
- Es usted un hombre muy inteligente, señor James. Es una muy buena pregunta, -contestó ella- pero yo tengo la respuesta. La primera tortuga está sobre la concha de una segunda, mucho mayor.
- Pero ¿dónde está esa segunda tortuga? – insistió James pacientemente. A esto respondió la dama, triunfante:
- No siga por ahí, señor James, siempre hay una tortuga debajo
."
(Adaptado de J.R.Ross). El lenguaje. George Yule.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Titanic

Siempre que visitaba Londres no perdía la oportunidad de perderme por alguna de sus oscuras y estrechas calles del centro y entrar en algún pub para tomarme una pinta de cerveza. No fue diferente en aquella ocasión hace unos quince años en la que, pese a ser una visita de apenas 24 horas, tampoco perdí ocasión de dejarme caer en alguno de esos lugares. Siempre me habían atraído, quizás porque me encontraba a gusto con la decoración y con sus suelos y barras de madera, quizás porque me sentía vivir la ciudad, en los lugares donde probablemente se desnuda con menos miramientos y donde las ansias de modernidad de la city desaparecen entre las conversaciones y las canciones que los habituales entonan.
En seguida encontré uno que me llamó poderosamente la atención, exteriormente parecía pequeño y su rótulo era modesto aunque no su nombre: Titanic.
Al entrar me encontré un local mayor de lo que aparentaba, la decoración recargada pero con gusto mostraba todo tipo de recuerdos relativos al más famoso trasatlántico de todos los tiempos. Caminé lentamente disfrutando de todas esas maravillas que convertían el pub en una especie de museo: fotos de la tripulación, de pasajeros, maquetas a escala del barco, de los camarotes, objetos de navegación, incluso una enorme ancla que sin ningún rótulo que la describiera dejaba a cada uno la decisión de imaginarla como auténtica. Me situé casi al final de la barra donde pedí mi cerveza, justo delante había una reproducción de la portada del New York Times correspondiente al día después del hundimiento, con grandes titulares se narraba el desastre y a toda página se ofrecían todos los detalles conocidos en ese momento rodeando una foto del barco y otra de su capitán.



Mientras lo leía escuché unos golpes secos que resonaban sobre el piso de madera del local; al girarme hacia la puerta vi que una anciana acababa de entrar y que con dos viejas muletas se dirigía lentamente hacia la barra; cada vez que daba un paso, el golpe de la muleta sobre la madera parecía resonar sobre todos los sonidos del bar. Los habituales del local la saludaban educadamente y ella les respondía al saludo hasta llegar al que debía ser su lugar reservado, al fondo de la barra, justo a mi lado, donde ya le esperaba una gran pinta de cerveza negra que el camarero se había apresurado a preparar en cuanto la vio entrar.
Se sentó con dificultad en una de las sillas, excesivamente altas, y tras beber dos sorbos de su cerveza, noté que me observaba mientras leía atentamente el gran titular del Times enmarcado en la pared. Al cabo de un rato, con una voz clara pese al indudable acento que la senectud le daba, se dirigió a mí:
- No te creas mucho de lo que ahí dice. Las cosas no fueron exactamente así.
No había podido evitar sentir simpatía por aquella anciana desde que la vi caminar trabajosa y lentamente por el bar, así que en mi respuesta apareció una sincera sonrisa.
- ¿Usted cree?
- No, no lo creo. Lo sé. Lo sé porque yo estaba allí
.
No pude evitar una expresión de sorpresa aunque interiormente pensaba que estaba ante una anciana solitaria que buscaba cualquier conversación y había encontrado en aquel extranjero un acompañante temporal.
- 1912 – dije – es hace mucho tiempo.
- Sí, yo tenía 14 años entonces. No tengo ni idea de los que tengo ahora y tampoco ganas de calcularlos. Los suficientes para poder seguir viniendo cada día a tomarme una pinta, eso es lo importante.
Hice los cálculos mentalmente: 94 años. Era posible, desde luego pese a que sus piernas le fallaban y las arrugabas surcaban cualquiera de las partes de su piel que se miraran, se mantenía en una excelente y envidiable salud para su edad. Pareció entender lo que estaba pensando.
- Sí, no me conservo nada mal. Y es gracias al Titanic, al pub me refiero. Creo que de alguna forma me mantiene viva, me devuelve a mi infancia y … bueno, quizás me recuerda cada día que debo seguir viviendo para que siempre quede alguien que sepa lo que sucedió allí.
Se tomó un buen trago de cerveza y ella sola continuó su relato, sin dar tiempo a que se lo pidiera, la cual cosa me disponía a hacer justo un instante antes de que ella lo iniciara.
- No es grato de escuchar. Por eso la verdad se quedó en el Titanic, en el fondo del mar, pero también está en este Titanic y todos los que están aquí la conocen – me escrutó unos momentos antes de continuar, como si quisiera certificar en mi mirada que era de confianza - Yo embarqué en Southampton, con mi hermana y mi madre, en tercera clase … Nos hicieron subir deprisa, antes de que embarcaran los de primera y se hicieran las fotos y todos los honores de la inauguración. Éramos más de 700 personas, y pese a las incomodidades y al trato poco educado con el que nos trataban, estábamos emocionados, sabíamos que estábamos viviendo un momento histórico, aquel gigante imponía, parecía acogerte en su seno como la madre que protege al niño en su vientre. Llorábamos de emoción al ver desde unas pequeñas ventanas como subían al barco los de primera clase, con sus lujosos vestidos.
Pero esa emoción pronto se oscureció, una vez en alta mar, con apenas día y medio de navegación. Bajaron chicos de la tripulación de primera, elegantemente vestidos, todos nos agolpábamos alrededor de ellos para ver qué querían … y, bueno, lo que querían eran chicas. Chicas jóvenes para las fiestas de las suites de lujo. Al principio recuerdo los gritos de indignación, no duraron mucho, se difuminaron en cuanto mencionaron las cifras que ofrecían. 200 dólares para cada chica que quisiera subir. 200 dólares! No te puedes imaginar lo que era ese dinero para nosotras, era la tranquilidad de tener un techo, comida y ropa para al menos un mes en Nueva York. Tienes que imaginar que viajábamos sin apenas nada, a buscarnos una vida allí, a empezar de cero. Teníamos muchísimo miedo. Al principio se decía que los que llegaran en el Titanic no tendrían problemas para entrar, pero en cuanto zarpamos se extendió el rumor que los que no llevaran dinero no podrían entrar al país y los devolverían a Inglaterra.
– Se detuvo para dar cuenta de su cerveza – No. No me importa reconocerlo, pero no dudé demasiado, ni yo ni siete chicas más, ni siquiera las madres de las que éramos más jóvenes nos lo impidieron. Cierto que no nos empujaron a ello, pero tampoco nos detuvieron.
La escuchaba absolutamente absorto, su forma de relatarlo, su aspecto, el ambiente que nos rodeaba con la mirada del capitán del barco observándome desde la portada del Times me había hecho entrar de lleno en su historia,
- Esas fiestas, afortunadamente no duraban demasiado. Las dos primeras fueron en las suites de lujo, aquellas habitaciones costaban 300 dólares la noche, esos cabrones se podían permitir traer unas cuantas chicas ni que fuera para apenas un momento, alguno estaba demasiado borracho incluso para intentar siquiera hacernos algo, pero otros estaban sobrios y esos sí que se aprovechaban bien. Yo miraba de pensar en otra cosa, me imaginaba los vestidos que podría comprarme con aquel dinero o paseaba la mirada por la habitación y retenía todo aquel mobiliario maravilloso: espejos dorados, lámparas enormes … jamás había visto cosas más bellas.
El resto del local continuaba ajeno a aquella conversación y yo continuaba ajeno al resto del local, toda mi atención estaba en aquella mujer y mis pensamientos se habían ido a 1912 y discurrían entre los camarotes y los pasillos de aquel gigantesco barco.
- Al tercer día de travesía vinieron a buscarnos de nuevo. La misma oferta. Querían a cuatro de nosotras y cuatro fuimos las que aceptamos. Esta vez era diferente. Era un “regalo” que determinados pasajeros de primera querían hacer a los oficiales de la tripulación, era algo “tradicional” según nos dijeron. Atravesamos todo el barco, quizás estuvimos media hora caminando por cubiertas, subiendo y bajando escaleras … hasta que llegamos a la zona de mando del barco … era enorme, dominaba el timón, imponente, y por todas partes se veían cuadros eléctricos, planos, instrumentos que jamás había visto y que ni sospechaba que existieran … aquello era fantástico. No sé quienes eran los que allí estaban, ese capitán que nos mira desde la pared no era ninguno de ellos. Era de noche, había unos seis hombres que formaban la guardia nocturna. Estaban eufóricos, habían bebido, gritaban y se abrazaban, decían cosas como que eran los más grandes, que las mujeres de Nueva York se los iban a rifar en cuanto supieran que ellos dirigían el Titanic … y, bueno, se alegraron mucho de vernos … no paraban de beber y de cantar, decían que todos ellos tenían que estar con las cuatro chicas, que por eso eran los más grandes y, bueno, todas esas fanfarronadas de borrachos. Entonces fue cuando sucedió. Te aseguro que en aquellas circunstancias era imposible que ninguno de ellos prestara atención a los mensajes que los radiotelegrafistas enviaban al barco advirtiendo del riesgo de témpanos de hielo o icebergs en la travesía, solicitando que extremaran la atención. No, no prestaron ninguna atención más que a las chicas y a la bebida. Lo que pasó después sí que es tal y como se ha contado.
Se detuvo para apurar lo que quedaba de su cerveza, la mía permanecía casi intacta, pues apenas había podido ni pestañear desde que empezó su relato.
- Bueno, chico extranjero, parece que te has quedado un poco sorprendido. – Se bajó con dificultad de la silla , recogió sus muletas y empezó su viaje hacia la puerta de salida, no sin antes girarse y dirigirse a mí con una amplia sonrisa – Vamos!, No me digas que te lo has tragado todo?, jaja
Me quedé unos minutos pensativo, seguía impactado por su relato, pero su último comentario me hacía sonreír mientras pensaba lo estúpido que había sido en tragarme su historia. Me dirigí a la salida observando de nuevo aquellas paredes repletas de recuerdos del Titanic, junto a la puerta había una pequeña foto de algunos pasajeros paseando por cubierta, allí aparecía una chica joven junto a una mujer y un hombre… quizás fue la cerveza, quizás fue por la atmósfera del local y por la historia de la vieja, pero las facciones de aquella muchacha eran las mismas que las de la anciana; en aquel momento hubiera apostado 200 dólares a que de ella se trataba.



sábado, 23 de diciembre de 2006

Frases y fragmentos ... (XVII)

... de lecturas más o menos recientes.

Kundera Sontag Steiner

"- No olvide que no sólo Sócrates era feísimo, sino que muchas amantes famosas tampoco destacaban por su perfección corporal. El racismo estético es casi siempre una manifestación de inexperiencia. Los que no han penetrado excesivamente en el mundo de los placeres amorosos, sólo pueden juzgar a las mujeres por lo que ven. Pero los que de verdad las conocen saben que los ojos sólo pueden comunicar una mínima fracción de lo que una mujer puede brindarnos."
La despedida. Milan Kundera

"La iconografía del sufrimiento es de antiguo linaje. Los sufrimientos que más a menudo se consideran dignos de representación son los que se entienden como resultado de la ira, humana o divina. (El sufrimiento por causas naturales, como la enfermedad o el parto, no está apenas representado en la historia del arte; el que causan los accidentes no lo está casi en absoluto: como si no existiera el sufrimiento ocasionado por la inadvertencia o el percance)."
Ante el dolor de los demás. Susan Sontag

"Nadie ha dado una explicación integral de la génesis del personaje de ficción en el espíritu del autor a partir de los garabatos que hace con el lápiz en una hoja de papel. Ahora bien, ese personaje puede revestir una fuerza vital, poseer una capacidad de resistencia al tiempo y al olvido muy superior a la de cualquier ser viviente. ¿Quién de nosotros posee aunque sólo sea una fracción de la vitalidad, de la “presencia real” que emana del Ulises de Homero, de Hamlet o de Falstaff, de Tom Sawyer? Balzac moribundo apela a la ayuda de los médicos que había inventado en su Comedia humana. Shelley declara que ningún hombre capaz de amar a la Antígona de Sófocles experimentará jamás una pasión comparable por una mujer viva. Flaubert se ve morir como un perro mientras “esa puta” de Emma Bovary vivirá eternamente."
Los logócratas. George Steiner

"Como otros grandes poemas, “Ein Winterabend” (Georg Trakl), “Una tarde de invierno”, quiere decir mucho más de lo que dice. Sugiere de manera irresistible que las palabras, las palabras singularmente justas e inevitables, así como su reagrupamiento sin precedentes, han sido dados al poeta, no queridos por él; que le han venido con esa incandescencia de exactitud y de evidencia que todos hemos experimentado cuando una palabra olvidada, buscada durante mucho tiempo, “centellea” en el umbral de la conciencia.(…)No es, o no esencialmente, el poeta quien habla; es el poeta el que es “hablado” por el lenguaje, el que es dicho. El lenguaje, concluye Heidegger, habla “como un refugio donde resuena el silencio de la paz”, en una imagen que le es sugerida por el habla silenciosa de la nieve y del crepúsculo en el texto de Trakl."
Los logócratas. George Steiner.

domingo, 10 de diciembre de 2006

Frases y fragmentos ... (XVI)

... de lecturas más o menos recientes.

KunderaSalimbene de Parma Umberto Eco

JD SalingerMiguel de UnamunoAnais Nin


"- Seducir a una mujer – dijo Bertlef con disgusto - , eso sabe hacerlo hasta el más tonto. Pero saber abandonarla es algo que sólo puede hacer un hombre maduro."
(La despedida. Milan Kundera)


"[Federico II] quiso comprobar qué lengua e idioma tendrían los niños al llegar a la adolescencia si no habían podido hablar jamás con nadie. Y para ello dio órdenes a las nodrizas y ayas de que dieran leche a los niños … pero con la prohibición de hablarles. Quería en realidad saber si hablarían la lengua hebrea, que fue la primera, o bien la griega, o la latina, o la lengua árabe; o si acabarían hablando la lengua de sus propios padres, de quienes habían nacido. Pero se afanó en vano, porque los niños o infantes morían todos."
(Cronaca n. 1664. Salimbene de Parma)
(cita de La búsqueda de la lengua perfecta. Umberto Eco)


"No hay nada que resulte más fascinante que una sabiduría secreta: se sabe que existe, pero no se conoce y, por lo tanto, se supone que es extraordinariamente profunda."
(La búsqueda de la lengua perfecta. Umberto Eco)

"Antes yo era tan tonto que la consideraba inteligente porque sabía bastante de literatura y de teatro, y cuando alguien sabe de esas cosas cuesta mucho trabajo llegar a averiguar si es estúpido o no. En el caso de Sally me llevó años enteros darme cuenta de que lo era. Creo que lo hubiera sabido mucho antes si no hubiéramos pasado tanto tiempo besándonos y metiéndonos mano."
(El guardián entre el centeno. J.D. Salinger)

"-El rostro de la verdad es terrible. ¿Cuál es nuestro deber? Ocultar la verdad al pueblo. El Antiguo Testamento dice: «El que mire a Dios a la cara, morirá». Él mismo Moisés no pudo mirarlo a la cara. Lo vio por detrás, y solamente el faldón de su vestido. Así es la vida. Engañar, engañar al pueblo para que el miserable tenga la fuerza y el gusto de vivir. Si supiera la verdad, ya no podría, ya no querría vivir. El pueblo tiene necesidad de mitos, de ilusiones; el pueblo tiene necesidad de ser engañado. Esto es lo que lo sostiene en la vida. Justamente acabo de escribir un libro sobre este asunto. Es el último.
Está sobreexcitado, sus venas se llenan de sangre, sus mejillas se tiñen de púrpura, su busto se endereza. Se diría que rejuvenece.
De un salto, se aproxima a la biblioteca, coge un libro, escribe apresuradamente algo en la guarda y me lo tiende:
—Tome. Léalo y verá. Mi héroe (se trata del mártir San Manuel Bueno) ha dejado de creer. No obstante, continúa luchando para comunicar al pueblo la fe que él no tiene, ya que sabe que sin la fe, sin la esperanza, el pueblo no tiene la fuerza de vivir.
"
(Entrevista de Nikos Kazantzaki a Miguel de Unamuno)

"Un paciente me da 30 dólares, que daré a Henry para que pague el alquiler, y un libro, Moll Flanders , de Daniel Dafoe, con una dedicatoria: “Prácticamente la primera novela en inglés, para la primera y más hermosa mujer del mundo, de uno que ella rescató de los muertos.”
Es curioso, en la página del título dice: “Moll Flanders … fue puta durante doce años, se casó cinco veces (una vez se prostituyó a su propio hermano), ladrona durante doce años, ocho años reclusa como traidora en Virginia, terminó por amasar una fortuna y murió arrepentida”.
Me gusta todo menos el final.
"
(Diarios. Anaïs Nin)

martes, 5 de diciembre de 2006

lunes, 6 de noviembre de 2006

Frases y fragmentos ... (XV)

... de lecturas más o menos recientes.


" -Mamá, hoy no hay nada para comer.
- Eso va muy bien para los ojos – respondía Esterina.
Por esas frecuentes nadas crecieron con los ojos bellísimos, límpidos y brillantes"
(
Piazza d´Italia. Antonio Tabucchi)

"Cuando la mujer neurótica se cura, se convierte en mujer. Cuando el hombre neurótico se cura se convierte en artista.
(Diarios. Anaïs Nin. (cita a Otto Rank))

"Al mirar atrás, el crítico ve la sombra de un eunuco. ¿Quién sería crítico si pudiera ser escritor? ¿Quién se preocuparía en calar al máximo en Dostoievski si pudiera forjar un centímetro de los Karamazov, o reprobaría la altanería de Lawrence si pudiera dar forma al huracán de El arco iris?
Toda gran escritura brota de
le dur decir de durer, la despiadada artimaña del espíritu contra la muerte, la esperanza de sobrepasar al tiempo con la fuerza de la creación."
(Humanidad y capacidad literaria (Lenguaje y silencio). George Steiner)

Nabokov señala que, al comienzo de Ana Karenina, en el texto ruso, la palabra ‘casa’ se repite ocho veces en seis frases y que esta repetición es un artificio deliberado por parte del autor. Sin embargo, en la traducción francesa, sólo aparece una vez la palabra ‘casa’ y, en la traducción checa, no más de dos. En el mismo libro: cada vez que Tolstoi escribía ‘skazal’ (dijo), encuentro la traducción ‘profirió’, ‘replicó’, ‘repitió’, ‘gritó’, ‘concluyó’, etc. A los traductores les enloquecen los sinónimos. (Rechazo la noción misma de sinónimo: cada palabra tiene su sentido propio y es semánticamente irremplazable).
(Milan Kundera)

domingo, 1 de octubre de 2006

Frases y fragmentos ... (XIV)

... de lecturas más o menos recientes.

Anaïs Nin Lawrence Heine

"Me niego a seguir siendo madre. He sido la madre de mis hermanos, del débil y pobre Hugh, de mis amantes, de mi Padre. Quiero vivir tan sólo para el amor del hombre y como artista. Como amante, como creadora. Nada de maternidad, de inmolación, de generosidad. La maternidad sería otra vez la soledad: dar, proteger, servir, entregarse. No. No. No."
(Diarios Intimos-Incesto. Anaïs Nin)

" - Pero ¿crees en algo?
- ¿Yo? Bueno, intelectualmente, creo en tener buen corazón, un pene alegre, una inteligencia viva, y valor para decir “¡mierda!” delante de una dama.”
(El amante de Lady Chatterley. D.H.Lawrence)

"¡Violada! Una podía haber sido violada sin haber sido tocada jamás. Violada por palabras muertas que se volvían obscenas, y por ideas muertas que se volvían obsesiones."
(El amante de Lady Chatterley. D.H.Lawrence)

"Pero, cuando me di cuenta que el burdo populacho, el tonto del pueblo, empezaba también a discutir los mismos temas en sus sucios simposios, donde, en lugar de las velas de osa y las girándulas, lucían tan solo velas de sebo y lámpara de aceite de ballena, cuando vi que unos andrajosos aprendices de zapatero y de sastre, en su tosco lenguaje de albergue, se atrevían a negar la existencia de Dios, cuando el ateísmo comenzó a apestar intensamente a queso, aguardiente y tabaco, entonces se me abrieron de repente los ojos y, lo que no había comprendido con la razón, lo comprendí entonces gracias al sentido del olfato, gracias al malestar del asco y ¡alabado sea Dios!, mi ateismo llegó a su punto final "
(Confesiones y memorias. Heinrich Heine)