martes, 6 de septiembre de 2011

Miquel Martí i Pol y la construcción del poema


16-VIII-87

Una vez, hace muchos años, Josep Miquel i Macaya me decía que improvisar era pecado. Hablábamos (hablaba) de literatura, de poesía, y entiendo que su afirmación no quería decir que el escritor, el poeta, debiera ser sólo un buen artesano, sino que también debía ser un buen artesano. La frase confirmaría lo que yo decía días atrás sobre la inspiración. De todos modos, siempre he pensado que sería interesante dilucidar el papel del azar en la obra de arte. Pienso en el poema, que es lo que conozco más. Yo no recuerdo haber escrito nunca ninguno que pueda decir que he "controlado" de arriba a abajo. No me refiero, evidentemente, a un control exhaustivo de las palabras, algo que ni en un escrito científico o técnico creo que se pueda hacer, sino al control de la expresión, del significado, del sentido. Para mí un poema siempre es una sorpresa. No una sorpresa total, pero sí una sorpresa parcial. En cierto modo, se puede decir que es cuando lo he acabado que sé qué dice el poema. Además, en los casos de formas no encorsetadas, ni siquiera sé la longitud que tendrán, y, una vez acabados, a menudo he pensado que podría añadir, o sacar, algún verso. En consecuencia, pues, para mí es evidente que el poema tiene una autonomía, una vida propia. Y me pregunto: esta autonomía, ¿quién la gobierna? Una respuesta fácil sería la de la subrogación de poderes. Es decir, la gobierno yo, que he puesto en marcha los mecanismos que la hacen posible, y que controlo el desarrollo general. Esto, sin embargo, entraría bastante dentro del concepto de creación, que a mí me repugna. Pero, claro, si no la gobierno yo, ¿quién la gobierna? ¿El azar? Muy bien, y ¿qué es el azar? Las definiciones del diccionario no suelen aclarar nada, son demasiado científicas y, aunque parezca un argumento poco sólido, demasiado azarosas. A mí me parece que el proceso de construcción de un poema, y, por extensión, de cualquier obra de arte, es similar a cualquier proceso vital. Yo he engendrado hijos, estos hijos están marcados por unas características que provienen de mí, ahora bien, el proceso vital que sigan será (debe ser) independiente de mi deseo, de mi voluntad. Ya sé que un hijo es un cuerpo vivo y un poema un cuerpo muerto. Hacía una comparación, y en ninguna comparación existe una igualdad absoluta. Si fuera, ya no sería una comparación, sino la misma cosa. Para mí, en el momento en que ponemos en marcha un proceso creativo, ponemos en marcha simultáneamente alguna cosa, bellísima o monstruosa, que, tanto en un caso como en el otro, se escapa de nuestro control, y no sólo eso, sino que a veces nos arrastra. Por tanto, no hay azar, entendido como casualidad, sino proceso racional que se escapa de nuestro control. Yo he observado un fenómeno curioso. Generalmente, las palabras, en los poemas, se reúnen en grupos de eufonía similar. Esto siempre lo he descubierto posteriormente a la escritura del poema, lo que me confirma que, salvo casos expresamente ensayados, no soy yo quien ha provocado la agrupación, sino la dinámica interna del poema. Y, si de eso se pasa al terreno de las interpretaciones, las sorpresas aún son más fuertes. El poema llega a independizarse, y puede influir decisivamente en el modo de ser del autor. De hecho, si el poema es un ente vivo, la explicación quizá sea más sencilla de lo que parece. Yo vivo en una sociedad, me relaciono con unas personas, pero ¿qué sé, de ellas?, ¿Quiénes son?, ¿Qué piensan?, Cuando me dicen algo, ¿expresan correctamente (tal como lo haría yo, quiero decir) lo que sienten?, ¿me engañan?, ¿voluntariamente?, ¿involuntariamente?, y cuando callan, ¿qué relación mantienen conmigo? Todo son incógnitas. Hay una relación aparente que nos puede hacer pensar que estamos en un sistema normal, comprensible. Pero lo mismo ocurre con el poema. La conversación que tuve ayer con unos amigos fue una acción equivalente a escribir un poema, pero ¿después, qué? Después se abre el gran vacío. Después cada uno se encierra en su caparazón y hace su camino. El poema tiene vida propia. Yo tengo vida propia. Los amigos también. ¿Y cómo se interrelacionan estas vidas? Lo que yo hago, lo que yo digo, ¿qué importancia tiene en la vida de los demás? ¿Puedo influir con mis acciones, puedo dominarlos? Yo estoy convencido que no. Y ellos a mí tampoco. El problema, entonces, es asumir la terrible soledad que conlleva este hecho. Vivimos solos, esta es la gran sorpresa. Y sólo aceptando nuestra soledad, edificándola cuidadosamente, queriéndola, podemos no hacer daño a los demás. La amistad, el amor, etc., son proyecciones egoístas del propio yo. Hay un vacío terrible entorno nuestro que ensayamos llenar con exteriorizaciones de nosotros mismos: mis poemas, mis amigos. Y cuando el poema desarrolla su vida, se independiza necesariamente de mí. Y cuando los amigos se van de casa, viven su vida, y yo quedo inevitablemente encerrado dentro de los límites de la mía. La realidad es eso. La vida es eso. Mi vida. Y cuando hablo de libertad sólo puedo hablar de mi libertad. No tengo ningún derecho sobre los demás, como no tengo ninguno sobre los poemas. Ellos tampoco tienen ningún derecho sobre mí. Los que me quieren son felices amándome. Por eso lo hacen. No creo que esto sea el descubrimiento del gran egoísmo. No creo que eso sea triste. Aceptar la propia inanidad y la propia soledad es una prueba verdadera de amor a uno mismo y a los demás. Una prueba (la única posible) de libertad.

Joc d´escacs (Miquel Martí i Pol)
Empúries


16-VIII-87


Una vegada, fa molts anys, en Josep Miquel i Macaya em deia que improvisar era pecat. Parlàvem (parlava) de literatura, de poesia, i entenc que la seva afirmació no volia pas dir que l´escriptor, el poeta, hagués de ser només un bon artesà, sinó que també havia de ser un bon artesà. La frase confirmaria el que jo deia dies enrera sobre la inspiració. De totes maneres, sempre he pensat que seria interessant dilucidar el paper de l´atzar en l´obra d´art. Penso en el poema, que és el que conec més. Jo no recordo haber-ne escrit mai cap que pugui dir que he "controlat" de dalt a baix. No em refereixo, evidentment, a un control exhaustiu dels mots, cosa que ni en un escrit científic o tècnic no crec que es pugui fer, sinó al control de l´expressió, del significat, del sentit. Per a mi un poema sempre és una sopresa. No una sorpresa total, però sí una sorpresa parcial. En certa manera, es pot dir que és quan l´he acabat que sé què diu el poema. A més, en els casos de formes no encotillades, ni tan sols no sé la llargada que tindran, i, un cop acabats, sovint he pensat que podria afegir-hi, o treure´n, algun vers. En conseqüència, doncs, per a mi és evident que el poema té una autonomia, una vida pròpia. I em pregunto: aquesta autonomia, ¿qui la governa? Una resposta fàcil seria la de la subrogació de poders. És a dir, la governo jo, que n´he posat en marxa els mecanismes que la fan possible, i que en controlo el desenvolupament general. Això, tanmateix, entraria força dins el concepte de creació, que a mi em repugna. Però, és clar, si no la governo jo, ¿qui la governa? ¿L´atzar? Molt bé, i ¿què és l´atzar? Les definicions del diccionaris no solen aclarir res; són massa científiques i, encara que sembli un argument poc sòlid, massa atzaroses. A mi em sembla que el procés de construcció d´un poema, i, per extensió, de qualsevol obra d´art, és semblant a qualsevol procés vital. Jo he engendrat fills, aquests fills estan marcats per unes característiques que provenen de mi; ara bé, el procés vital que segueixin serà (ha de ser) independent del meu desig, de la meva voluntat. Ja sé que un fill és un cos viu i un poema un cos mort. Feia una comparació, i en cap comparació no hi ha una igualtat absoluta. Si hi fos, ja no seria una comparació, sinó la mateixa cosa. Per a mi, al moment que posem en marxa un procés creatiu, engeguem simultàniament alguna cosa, bellísima o monstruosa, que, tant en l´un cas com en l´altre, s´escapa del nostre control, i no solament això, sinó que de vegades ens arrossega. Per tant, no hi ha atzar, entés com a casualitat, sinó procés racional que s´escapa del nostre control.
Jo he observat un fenomen curiós. Generalment, les paraules, en els poemes, s´apleguen en grups d´eufonia semblant. Això sempre ho he descobert posteriorment a l´escriptura del poema, la qual cosa em confirma que, fora de casos volgudament assejats, no sóc jo qui ha provocat l´aplegament, sinó la dinàmica interna del poema. I, si d´això es passa al terreny de les interpretacions, les sorpreses encara són més fortes. El poema arriba a independitzar-se, i pot influir decisivament en la manera de ser de l´autor.
De fet, si el poema és un ens viu, l´explicació potser és més senzilla del que sembla. Jo visc en una societat, em relaciono amb unes persones, però ¿què en sé, d´elles?, ¿qui són?, ¿què pensen?; quan em diuen alguna cosa, ¿expressen correctament (tal com ho faria jo, vull dir) el que senten?, ¿m´enganyen?, ¿voluntàriament?, ¿involuntàriament?; i quan callen, ¿quina relació mantenen amb mí? Tot són incògnites. Hi ha una relació aparent que ens pot fer pensar que estem dins un sistema normal, entenedor. Però el mateix passa amb el poema. La conversa que vaig tenir ahir amb uns amics va ser una acció equivalent a escriure un poema, però ¿després, què? Després s´obre el gran buit. Després cadascú es tanca dins la seva closca i fa la seva via. El poema té vida pròpia. Jo tinc vida pròpia. Els amics també. ¿I com s´interrelacionen aquestes vides? El que jo faig, el que jo dic, ¿quina importància té en la vida dels altres?¿Puc influir-los amb les meves accions, puc dominar-los? Jo estic convençut que no. I ells a mi tampoc. El problema, però, aleshores, és assumir la terrible solitud que comporta aquest fet. Vivim sols, aquesta és la gran sorpressa. I només acceptant la nostra solitud, edificant-la curosament, estimant-la, podem no fer mal als altres. L´amistat, l´amor, etc., són projeccions egoistes del propi jo. Hi ha un buit terrible entorn nostre que assagem d´omplir amb exteriotzacions de nosaltres mateixos: els meus poemes, els meus amics. I quan el poema desenvolupa la seva vida, s´independitza necessàriament de mi. I quan els amics se´n van de casa, viuen la seva vida, i jo quedo inevitablement tancat dins els límits de la meva. La realitat és això. La vida és això. La meva vida. I quan parlo de llibertat només puc parlar de la meva llibertat. No tinc cap dret sobre els altres, com no en tinc cap sobre els poemes. Ells tampoc no tenen cap dret sobre mi. Els qui m´estimen són feliços estimant-me. Per això ho fan. No crec que això sigui la descoberta del gran egoisme. No crec que això sigui trist. Acceptar la pròpia inanitat i la pròpia solitud és una prova veritable d´amor a un mateix i als altres. Una prova (l´única possible) de llibertat.

Joc d´escacs (Miquel Martí i Pol)
Empúries