En catalán existe el verbo 'copsar' [kupsá] que en una de sus acepciones vendría a significar 'captar', captar el sentido de una palabra, de un gesto, de un silencio, de una mirada, de una vida; y yo le atribuyo un valor añadido a lo captado por este verbo: aquello que no es obvio, que no es perceptible de una forma evidente. No todo el mundo es capaz (ni mucho menos) de 'copsar' ciertas cosas que tienen que ver con el espíritu de las personas, con sus emociones, motivaciones o miedos.
Montserrat Cornet (Barcelona, 1934) ha captado el alma de Santiago Rusiñol y le ha hablado desde la ternura (donde ya no hay paredes, ni cristales, ni aristas, ni máscaras) y desde el conocimiento profundo. Cuando uno lee este libro queda convencido de que el conocimiento es mutuo, que Santiago Rusiñol, fallecido antes del nacimiento de la autora, no sólo también la conoció sino que compartió muchas cosas con ella.
Otro verbo en catalán, no menos bonito, es 'colpir' [kulpí], su significado aproximado (golpear) en lo relativo a los sentimientos nos refiere a impresiones fuertes, repentinas: puede ser la noticia de la muerte de un ser querido, la contemplación de una determinada obra de arte... En este libro, el lector, invitado a compartir esa conexión mágica que se establece entre Rusiñol y Cornet, queda golpeado (colpit) al encontrarse en medio de ese intercambio emocional tan intenso entre la que habla (Cornet recorre los pasos de Tiago (como le llama cariñosamente) por Barcelona, Sitges y París, le explica las novedades, le recuerda sucedidos, le pregunta por aquello que la sorprende o le intriga,...) y el que escucha (un Rusiñol de una presencia casi tangible). Emoción que no pudo contener la única nieta de Rusiñol (Mercedes Planàs Rusiñol) cuando leyó el original mecanografiado que le entregó Cornet en 1986.
colpir
cornet























