Bibi Andersson (Alma) y Liv Ullmann (Elizabeth) en Persona (1966)
La persona (etimológicamente máscara) que vive en el escenario de un teatro y que llega , en la frontera del no-ser, al peor de los silencios: aquel en el que las únicas palabras son las del guión ... ¿no es un buen resumen del ser humano, o mejor, de la 'persona' ?
El certero diagnóstico de la doctora a la protagonista (Liv Ullmann):
“¿Crees que no lo entiendo? El sueño imposible de ser. No de parecer, sino de ser. Consciente en cada momento. Vigilante. Al mismo tiempo, el abismo entre lo que eres para los otros y para ti misma, el sentimiento de vértigo y el deseo constante de, al menos, estar expuesta, de ser analizada, diseccionada, quizás incluso aniquilada. Cada palabra una mentira, cada gesto una falsedad, cada sonrisa una mueca.”
Y la única posibilidad de 'ser': encontrar un alma ... y Alma es el nombre de la enfermera (Bibi Andersson) que la acompaña a la solitaria casa de la costa y con quien en esa soledad absoluta (en la que el Otro no puede aportar nada pues no ve nada: la imagen del marido invidente incapaz de distinguir a su mujer de la enfermera) materializarán una simbiosis de dudoso éxito y de dudoso fracaso.
Grandiosa película.
