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domingo, 2 de noviembre de 2008

Frases y fragmentos ... (XLI)

... de lecturas más o menos recientes.


Isadora Duncan Denis Diderot
Eugenio D´Ors Giordano Bruno

"Me dedicaba a leer todo lo que se había escrito en el mundo sobre el arte de la danza, desde los primeros egipcios hasta el día, y tomaba nota especial de todo lo que iba leyendo; pero cuando hube terminado esta tarea colosal, comprobé que los únicos maestros de baile que yo podía tener eran Juan Jacobo Rousseau “Emilio”, Walt Whitman y Nietzsche."
Mi vida. Isadora Duncan.

"Había conocido en mi vida a los más grandes artistas y a la gente más culta y triunfadora, pero ninguno de ellos era feliz, aunque algunos lo simularan. Detrás de la máscara podía adivinarse, sin mucha clarividencia, la misma angustia y el mismo padecimiento. Y es que en este mundo no existe quizá la dicha. No hay sino momentos felices."
Mi vida. Isadora Duncan.

"Así, en algunos días imaginativos, mi cerebro es como los cristales de un ventanal, por los cuales viera bellezas fantásticas, formas maravillosas y los más ricos colores. Otros días, veo sólo a través de unos cristales empañados y grises, y todo es un hacinamiento de inmundicia, llamado Vida.
Si pudiéramos penetrar en nosotros mismos y extraer los pensamientos como el buzo extrae las perlas … ¡Preciosas perlas de las ostras cerradas del silencio, en las profundidades de nuestra subconciencia!
"
Mi vida. Isadora Duncan.

"Hacer voto de pobreza es comprometerse por juramento a ser perezoso y ladrón; hacer voto de castidad es prometer a Dios la infracción constante de la más sabia y más importante de sus leyes; hacer voto de obediencia es renunciar a la inalienable prerrogativa del hombre, la libertad. Si se observan estos votos, se es un criminal, si no se observan, se es perjuro. La vida del claustro es la de un fanático o la de un hipócrita."
La religiosa. Denis Diderot.

"Yo no pienso. Luego, yo existo. Si yo pensara, ya mi existir no me parecería tan seguro"
Oceonografía del tedio. Eugenio d´Ors.

"No únicamente en el vino bermejo vive Dionisios. Vive también en el agua blanca, si ésta violentamente se agita, como en todo aquello que se vuelve dinámico en la locura de la fuerza. En el agua violenta vive también Dionisios. Una tempestad marina es una bacanal. Una cascada es una tragedia. Y el chorro de la manga que riega, una sátira."
Oceonografía del tedio. Eugenio d´Ors.

"Si yo, ilustrísimo caballero, manejase un arado, cuidara de un rebaño, cultivase un huerto y confeccionara una prenda, nadie me miraría, pocos me observarían y por poquísimos sería reprendido, y nada me costaría complacer a todo el mundo. Pero dado que soy un delineador del campo de la naturaleza, solícito en lo concerniente a los pastos del alma, un enamorado del cultivo de la mente y un Dédalo en lo que respecta a los hábitos del intelecto, ved ahora que a uno que, habiendo posado su mirada sobre mí, me amenaza; uno que, habiéndome observado, me ataca, otro que, habiéndome alcanzado, me muerde, y otro que, habiéndome capturado, me devora. No es una persona, no son unos pocos: son muchos, son casi todos."
Sobre el infinito universo y los mundos. Giordano Bruno.

domingo, 8 de junio de 2008

Frases y fragmentos ... (XXXVII)

... de lecturas más o menos recientes.

Montaigne Diderot Pessoa

"De algo sirve la desgracia, sin embargo. Lo digo porque el nacer en un siglo depravado tiene de bueno el que, por comparación con otros, uno se ve estimado como virtuoso a poca costa."
De la presunción. Ensayos. Michel de Montaigne.

"Ofreciose a un excelente arquero, condenado a muerte, perdonarle la vida si daba alguna muestra maravillosa de su destreza con el arco, pero él declinó la oferta, temeroso de que la mucha tensión de su voluntad le hiciese temblar la mano y perder, además de la existencia, la reputación."
De la presunción. Ensayos. Michel de Montaigne.

"Las leyes de la conciencia que decimos nacer de la naturaleza, nacen de la costumbre. Cada uno tiene en interna veneración las opiniones y costumbres aprobadas y aceptadas en torno suyo, y no puede desprenderse de ellas sin remordimiento ni ejecutarlas sin aplauso. Antaño, cuando los cretenses querían maldecir a alguno de los suyos, pedían a los dioses que le enviase alguna costumbre."
De la costumbre, y de cómo no debe cambiarse con facilidad una ley establecida. Ensayos. Michel de Montaigne.

"Los vicios no darían más que de vez en cuando. Los caracteres emparentados al vicio, hieren de la mañana a la noche. Por eso quizá más valga ser un insolente, que tener un aspecto insolente; el insolente de carácter, sólo insulta de vez en cuando; el insolente de aspecto, insulta sin cesar."
El sobrino de Rameau. Denis Diderot.

"La mentira que nos halaga se suele tragar glotonamente; pero la amarga verdad no se bebe más que gota a gota."
El sobrino de Rameau. Denis Diderot.

"El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge ser dolor
El dolor que en verdad siente."

Autopsicografía. Fernando Pessoa.

martes, 5 de febrero de 2008

Frases y fragmentos ... (XXXIV)

... de lecturas más o menos recientes.

Levi-StraussDenis DiderotAlex Grijelmo


"Cuando en 1947 regresaba en barco de los Estados Unidos, a veces conversaba en el puente de pasajeros con un director de orquesta que acababa de dar unos conciertos en Nueva York. Cierto día me dijo haber observado a lo largo de su carrera que el carácter de un músico se reconcilia a menudo con el evocado por el timbre y ejecución de su instrumento; el director debía tenerlo en cuenta si quería estar a bien con su orquesta. De este modo, añadía, fuera cual fuese el país en que se encontrara, contaba con que el oboe estuviera dolido y susceptible, el trombón, jovial y buen muchacho…"
La alfarera celosa. Claude Lévi-Strauss


"¿Habéis olvidado, quizá, que a Jacques le gusta hablar, sobre todo de él mismo, como es costumbre entre los de su condición, pues de ese modo escapan a la vulgaridad colocándose en lo alto de una tribuna, transformados de golpe en apasionantes personajes? ¿Cuál es, a vuestro entender, el motivo de que el populacho se amontone para asistir a las ejecuciones públicas? ¿la crueldad? Os equivocáis: el pueblo no es cruel; si pudieran, arrancarían de las manos del verdugo a ese desgraciado al pie de cuyo patíbulo se apretujan. Van a buscar a Grève un espectáculo que luego podrán contar al volver a su barrio."
Jacques el fatalista. Denis Diderot

"Cuando caía la noche, él mismo introducía por la puerta de la calle a mujeres de toda condición, y en las estancias abaciales tenían lugar los más exquisitos banquetes. Como Hudson confesaba, había corrompido a todas aquellas parroquianas que merecían la pena. Entre ellas había una joven pastelera que escandalizaba al barrio con su coquetería y desenfado; Hudson, que no podía visitarla en su casa, la encerró en su serrallo. Esa especie de rapto levantó las sospechas de los padres y del marido. Fueron a visitarle. Hudson les recibió con aspecto consternado. Mientras aquella pobre gente exponía el problema, sonó la campana; eran las seis de la tarde: Hudson requirió silencio, se quitó el bonete, se levantó, se persignó con gestos ampulosos y recitó con tonos dulces y místicos: ‘Angelus Domini nuntiavit Mariae...’. Al bajar por la escalera, hacia la salida, el padre y los hermanos de la pastelera, avergonzados de sus sospechas, le decían al marido: ‘Hijo, eres un bobo… ¿No te da vergüenza? ¡Cómo rezaba el Angelus! ¡Es un santo!’"
Jacques el fatalista. Denis Diderot.


"Pues hablando sinceramente, lector, creo que de ambos el peor no soy yo. ¡Cuán satisfecho estaría si pudiera protegerme de vuestro mal humor tan fácilmente como vos podéis protegeros del aburrimiento o escándalo de mi libro! Dejadme en paz, hipócritas malignos. Podéis joder como mandriles en celo; pero permitid al menos que yo utilice la palabra ‘joder’; os regalo el acto, concededme la palabra. Decís con toda tranquilidad: matar, robar, traicionar, ¡y, en cambio, sólo os atrevéis a decir ‘joder’ en voz baja! ¿Quizá lo que sucede es que cuantas menos palabras impuras pronunciéis, más os quedan en el pensamiento?"
Jacques el fatalista. Denis Diderot.


"El amor reside en el cerebro (como todos los demás sentimientos del ser humano), y hace muchos años que eso se sabe; pero el lenguaje ha trasladado la sede del amor a otro lugar: el corazón. No podía concebirse que los razonamientos y las pasiones anduvieran revueltos en un mismo lugar. El cerebro ha sido reservado por el lenguaje para las decisiones racionales; y el corazón, para las pasionales. Por eso se pueden comprender los impulsos del enamorado, porque salen (im-pulso) con la fuerza de la sangre y de los latidos, el poder de la naturaleza, y forman el pulso que nos anima. El coraje. Y por eso se disculpa todo aquello que se hace con el corazón; y, tal vez por esta influencia sublime que tienen las palabras en nuestra manera de pensar, los tribunales acceden a considerar circunstancia atenuante todo aquel comportamiento que resulta de la pasión, del impulso cardíaco, visceral, sanguíneo. Aunque su única residencia esté en la cabeza."
La seducción de las palabras. Alex Grijelmo.